Varios restaurantes comenzaron a utilizar bloques sólidos, hechos a partir de excrementos humanos como fuente.

“Utilizamos desechos humanos como materia prima y los combinamos con otros residuos como aserrín de los vendedores locales”, explicó el ingeniero John Irungu, administrador de la planta de tratamiento de aguas fecales de Nakuru.

Esto marca un gran avance en términos de salud, higiene y medio ambiente, pues de acuerdo a la Junta Reguladora de Servicios de Agua de Kenia, sólo el 30 por ciento del país tiene acceso a un red de alcantarillado, el resto tiene letrinas.

Hasta hace poco, algunas personas cobraban por desaparecer los desechos de las alcantarillas o ríos; sin embargo, esto cambió en 2018 cuando después de varias investigaciones la marca Makaa Dotcom, impulsó un sistema de recolecta de residuos sostenible, con el cual obtiene ingresos económicos.

El proyecto genera empleos para 200 personas y “no condena” a los que se encargaban de recolectar estos desechos de manera semiclandestina, todo lo contrario: “están legalizados y tienen licencia”.

La planta de tratamiento no genera malos olores: “cuando ves el producto final, no se puede diferenciar del carbón normal, nunca dirías que procede de las aguas fecales; por eso los clientes se sienten cómodos: no huele y no produce humo”, aseguró Irungu