En estos momentos, sentada en la tranquilidad de su hogar, en algún rincón, y con la mirada perdida, triste y desconsolada, nos preguntamos qué estará pensando Anabell Ávalos Zempoalteca.

Seguramente la ex candidata se encontrará haciendo el famoso recuento de los daños y muchas preguntas pasarán por su mente; varias de ellas quizás nunca tengan respuesta, de algunas sólo especulará, y a estas alturas suponemos que ya tiene las respuestas de otras más.

En qué fallé; quién me traicionó; de cuántos traidores me rodee; quién de los que estaban en mi equipo sólo me adulaban; cuántos más me hicieron creer que sería la próxima gobernadora; cuánto dinero regalé a quienes no hicieron nada por mí, cuántas adhesiones no representaban nada; quién me dijo que era una elección cerrada; quién sabía que nunca estuve a la par, ni mucho menos rebasé a mi adversaria; porqué nadie me dijo nada y al que lo dijo por qué nunca lo quise escuchar.

Esos y otros cuestionamientos le estarán dando vueltas por su mente, y pasarán, segundos, minutos, horas, días, semanas y meses para que los pueda asimilar.

Pero quizás las preguntas que debería hacerse la ex candidata de la coalición “Unidos por Tlaxcala”, no se encuentren en lo que sucedió en días recientes, quizás, debería de buscar en el pasado, exactamente hace 4 años 5 meses, cuando tomó protesta a presidenta municipal aquella tarde de enero del 2017.

Ahí, en ese espacio del tiempo, Anabell Ávalos Zempoalteca comenzó a entretejer la trama, que daría como resultado una de las derrotas más dolorosas de su vida.

Aquella tarde en su discurso de toma protesta prometió a los capitalinos, decenas de cosas que nunca pudo cumplir, desde un teleférico, hasta calles mejor pavimentadas, y mayor seguridad para los ciudadanos.

Para su desgracia, el teleférico nunca lo pudo construir, desde un principio sabía que este proyecto no era viable; las principales calles de la ciudad, jamás fueron arregladas, y no se hable de la inseguridad, el robo a transeúntes, negocios y casas habitación es la orden del día en la capital del estado.

O quizás Anabell Ávalos, ya no recuerde que, en sus primeros días como alcaldesa, le propició una humillación a una chica fotógrafa, su error de esta joven es ser atractiva, hecho que la presidenta municipal no le perdonó, y menos cuando en un Homenaje a la Bandera robó las miradas de los trabajadores del ayuntamiento, más que a su aburrido discurso.

Dicho acontecimiento provocó la furia de Anabell Ávalos, quien inmediatamente giró instrucciones de mandarla a fotografiar justo cuando su novio la abrazara, para después, exhibirla de forma despiadada en las redes sociales, manchando su reputación para después despedirla sin ninguna liquidación, alegando que estaba “noviando” en horas de trabajo, situación que señalan no fue cierta, pues la imagen fue tomada al final de la jornada laboral.

O habrán sido los constantes regaños que sufrían de parte de Anabell todas aquellas trabajadoras a quienes no bajaba de inútiles cuando se equivocaban, quizás por ello el discurso de que iba a apoyar a las mujeres nadie se lo creyó.

No sabemos si influyeron las vejaciones verbales que hacía a las personas que vendían comida en el ayuntamiento y a quienes les dejó bien en claro que ya no podían pasar a las oficinas a vender sus productos, pues su vestimenta “acorrientaba su administración”, que si querían vender algo lo hicieran en el patio trasero o en la calle.

Quizás otro de sus tantos errores fue despreciar a todos aquellos que trabajaron durante su campaña a presidenta municipal y a quienes nunca les dio un espacio en su administración, bueno, ni siquiera quiso recibirlos en su despacho para darles una explicación.

O a lo mejor, fue la poca comunicación que tuvo con los trabajadores del ayuntamiento, a quienes cada fin de año les retrasaba sus prestaciones, aguinaldos y primas vacacionales, dinero del cuál muchas veces alegó no tener, mientras a ella se le podía ver comprando regalos en Angelópolis, en el estado de Puebla, o bien, comiendo en buenos restaurantes en la Ciudad de México.

O no sabemos si fueron los gritos que propiciaba a los policías y a su entonces director Max Hernández a quienes no bajaba de unos “pendejos” cuando no hacían las cosas como a ella le gustaban.

“Las humillaciones estaban a la orden del día, fue una presidenta lejana de su gente, te barría con la mirada, fue poco humilde, fría, e insensible, y quién disfrutó de su puesto como presidenta, pues en todos esos años vivió rodeada de lujos sin importarle lo que nos pasaba a nosotros como sus trabajadores; esperemos que ella y otros políticos aprendan que la vida siempre te da una lección”, afirmó una colaboradora del ayuntamiento de Tlaxcala. 

Dicen que el lunes pasado, Anabell Ávalos se reunió en un desayuno con sus coordinadores de campaña para agradecerles todo el apoyo que le dieron en estos meses; los presentes, aseguran que, a mitad de discurso, las lágrimas se le rodaron, la voz se le entrecortó y no tuvo más palabras que decir, sólo gracias.

En ese momento, nadie se levantó a abrazarla, ni una porra y ni un grito de viva la consolaron, sólo un aplauso forzado que no duró mucho…esa fue la triste despedida que tuvo de sus más cercanos.

Lo cierto es que Anabell fue sumando y adhiriendo rencores y enemigos; ni un paso atrás dio para cambiar su actitud tirana y despótica, y por ello, el fracaso y la derrota fue lo único que hoy pudo ganar y conquistar. 

Lo que le sucedió a Anabell Ávalos es una lección de la cuál muchos que hoy inician en un puesto público tendrían que aprender, si no quieren que sea la misma vida que los ponga en el lugar que les corresponde.