Opinión

EL SALVAJISMO DEPREDADOR DE AMLO

Lunes, Abril 4, 2022
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Contracolumna
EL SALVAJISMO DEPREDADOR DE AMLO

· QROO, LA CATÁSTROFE DEL TREN MAYA

 

A lo largo de su historia los pueblos mayas han sufrido a sangre y fuego la devastación de sus territorios. En el estado más puro y enfangado la selva maya ahora sufre los horrores del salvajismo obradorista. La inmoral destrucción de la selva se lleva a cabo en nombre de la “cuarta transformación” en aras de un proyecto de presunta “modernidad” para “llevar el desarrollo a los pueblos del sureste” del país a un costo criminal: la destrucción del medio ambiente y sus ecosistemas.

Con el Tren Maya de López Obrador, la dimensión del ecocidio en la Rivera Maya es inaudito. Con esta obra se han desplomado enteramente los valores morales que presuntamente enarboló el tabasqueño durante décadas.

La devastación que van dejando cada día a su paso las obras de construcción es brutal y cruel. A finales del 2020 cuando la maquinaria entró en operación se perturbó la milenaria vida silvestre. La repentina invasión comenzó a provocar una verdadera

conmoción en centenares de especies cuya sobrevivencia ahora está amenazada.

La destrucción de la selva es un crimen que fácilmente podría catalogarse de “lesa humanidad”. Un crimen cometido por el Estado al imponer un proyecto destructor de la naturaleza en aras de construir una obra con propósitos meramente mercantiles.

A lo largo de cientos de kilómetros a pie de la carretera se contempla la devastación. Conforme uno se adentra a la ruta trazada se puede observar la catástrofe. En el tramo 5 de la obra se han talado más de 8 millones de árboles. Las imágenes son de un horror pocas veces visto en el mundo: cedros, palmas, ciricotes y maculix han sido arrancados de sus raíces, incluidos las ceibas, el árbol sagrado de los mayas.

El burdo trazo de la ruta exhibe el poco cuidado con el que se están llevando a cabo las obras. Sobresalen tramos mal terminados abandonados. Los horrores y crueldades más difíciles de imaginar se constatan cuando la maquinaria lanza sus bocanadas de humo y echan andas sus enormes brazos y dientes de acero para destruir la arboleda y sus animales que huyen ante la depredación de la selva.

El panorama es desolador. Ni el ser humano más insensible puede mantenerse indiferente ante el ecocidio. Se está destruyendo el hogar de más de 558 especies de vida animal. Corren peligro jaguares, tigrillos, ocelotes, tapires, mono aullador, mono michi, mono araña, mico león, hocofaisán, manatíes, loros, guacamayos, reptiles, insectos. El hábitat de cientos de aves está en riesgo. Millones y millones de murciélagos que se encargan de dar vida a la selva se encuentran amenazados por la destrucción de cuevas y cenotes.

La deforestación de selvas húmedas y secas es palpable. No se han respetado las mínimas normas establecidas por la ley que preserva el Impacto en Áreas Naturales Protegidas. A ello se suman los conflictos sociales por la tenencia de la tierra dado que el trazo del tren se encuentra en un 53 por ciento sobre terrenos ejidales.

La destrucción causa asombro. No puede admitirse o tolerarse la crueldad con la que se está matando a la selva maya. Es inaudita la forma en que se está arrancando la vida a la flora y la fauna, cientos de especies están amenazadas ante el colapso así como la crueldad cuando se mata a las crías de focas para arrancarles la piel.

En una paulatina toma de conciencia, la voz de alarma la han dado numerosos científicos y activistas de las más variadas organizaciones, a las que se han sumado las protestas de algunas celebridades del espectáculo y conspicuas personalidades de la academia y del ámbito intelectual. La respuesta de algunas instancias del gobierno han sido burlas y descalificaciones.

De a poco se ha ido sumando las protestas de ambientalistas de organizaciones internacionales como la Fundación Cousteau (Ocean Futures Society), del explorador marino Jean–Michel Cousteau y Greenpeace.

A lo largo de los 1,500 kilómetros de la ruta inicial han sido constantes las protestas de las comunidades. En algunos lugares el trazo de la ruta ha cambiado hasta tres veces por lo inestable del terreno, miles de trabajadores de cinco empresas privadas y el ejército continúan con su paso destructor en los siete tramos que abarcan los estados del sureste: Tabasco, Chiapas, Campeche, Yucatán y Quintana Roo.

En la ruta hacia Playa del Carmen, el terreno sobre el que se llevan a cabo las obras es uno de los más accidentados. A los cenotes se suman innumerables cavernas subterráneas con ríos conectados a

la selva que dan vida a especies acuáticas únicas en el planeta y que corren peligro de extinción ante la ausencia de estudios de impacto ambiental.

Hasta ahora no hay siquiera claridad sobre el costo real de la obra del tren maya. Según información oficial la construcción costaría entre 5,500 y 6,800 millones de dólares con el propósito de “promover” el turismo en el sur del país.

Aunque el valor de las obras podría ser mayor, el verdadero costo ambiental es invaluable.

Frente a las protestas por la devastación el gobierno ha respondido con el silencio. Por “razones de Estado” se rechazan las solicitudes de información en los institutos de transparencia a nivel local y federal, mientras la maquinaria utilizada en las obras va dejando una estela de muerte de la naturaleza a su paso.

A lo largo de la ruta decenas de millones de árboles han sido asesinados. Un crimen de lesa humanidad que tendrá un impacto irreversible en la vida de millones de los habitantes del sureste, en la matanza colateral de las especies y el medio ambiente global.

 

Frente a la devastación nadie asume la responsabilidad. La construcción del tren es un “asunto de Estado”. El presidente López Obrador y los gobernadores de las entidades donde se desarrolla la magna obra eluden el tema. En Quintana Roo –que es una de las entidades más afectadas– el gobernador Carlos Joaquín González antepone sus intereses políticos personales a los reclamos. Ni siquiera en la agenda de las campañas de los candidatos a la gubernatura del estado contemplan este tema. Todos son ajenos a la rendición de cuentas.

¿Entonces a quién le rinden cuentas los gobernantes? No a la opinión pública, ni al Congreso de la Unión, ni a la sociedad civil. Los senadores de la república desecharon por falta el punto de acuerdo que proponía la senadora Xóchitl Gálvez para hacer comparecer a los titulares de Fonatur, Profepa y Semarnat para rendir cuentas sobre las obras del tren maya.

Las autoridades responsables de defender la naturaleza, con desdén rechazan las solicitudes de información a la prensa. En la mente del presidente Obrador el ecocidio es inexistente.

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