*



Obrador Resucita A Francisco I. Madero

Miércoles, Abril 21, 2021 - 08:27

Contracolumna

 

 

 

• HUGO CHÁVEZ, EL 2024 Y SUFRAGIO EFECTIVO

 

 

Los restos fúnebres de Francisco I. Madero –quien solía invocar a los espíritus– no hayan descanso. El presidente Obrador se ha encargado de resucitar a Madero para perpetuarse en el poder. Lo mismo hizo Hugo Chávez, quien ordenó exhumar los restos de Simón Bolívar.

Existe la leyenda de quienes profanan las tumbas de los héroes son condenados a una maldición.

En uno de sus arranques de locura, Chávez –quien oficiaba la santería– ordenó profanar la tumba de Bolívar. El santero cubano Carlos Valdés dio a conocer que Chávez se inició en esa religión bajo el signo de Changó en un ritual celebrado en la Habana.

Chávez tenía el presentimiento de que el Libertador de América no murió de tuberculosis sino que había sido envenenado o baleado. En la madruga del sábado 17 de julio de 2010 mientras el país se encontraba en una de sus mayores convulsiones sociales lanzó un tuit con el hallazgo del glorioso esqueleto. La mayoría de los venezolanos dormían cuando a las horas en que es más pesado el sueño, el dictador daba a conocer la noticia de la exhumación del cadáver en el que había participado un equipo de 50 especialistas del cuerpo técnico de la policía judicial y de la fiscalía general.

El mensaje de su tuitter decía así:

"Hola mis amigos. ¡Qué momentos tan impresionantes hemos vivido esta noche! ¡Hemos visto los restos del gran Bolívar!".

A nadie se le hubiera ocurrido tan semejante locura, pero Chávez era capaz de cualquier cosa. Al final los expertos no pudieron determinar nada nuevo. Revisaron el cráneo, retiraron cuatro

piezas dentales y otros huesos como muestras de las costillas, pero todo resultó un fiasco.

Fue un acto más de la charlatanería de Chávez para distraer la atención dado que el país se debatía en la mayor crisis petrolera de su historia.

Chávez había utilizado una cantidad importante de recursos para comprar la lealtad del ejército. La corrupción de su gobierno se desbordaba. El manejo de la economía era un desastre y la gran mayoría de los chavistas se enriquecían a manos llenas, el narcotráfico era un paraíso. Los derechos humanos se violentaban y los medios eran atacados desde el púlpito presidencial. El dinero destinado a la propaganda del gobierno era un barril sin fondo.

Al final Chávez terminó pagando la maldición que la sacerdotisa Cristina Marksman le había advertido cuando Chávez la “consultó” antes de dar su frustrado golpe de Estado. “Vas a ser presidente de Venezuela y vas a morir antes de los sesenta años”. Así ocurrió. Murió de cáncer.

En México el gobierno del presidente Obrador sigue los mismos pasos de Chávez en Venezuela quien se encumbró en el poder con el llamado “Movimiento de la Quinta República” que terminó por establecer una dictadura donde los poderes legislativo y judicial acabaron en una caricatura.

Obrador se encumbró en el poder con su llamada “Cuarta Transformación” y ha caminado campante sobre los restos mortales de Francisco I. Madero. Obrador ha pisoteado la memoria y el legado de Madero al sepultar los ideales maderistas que dieron pauta a la Revolución con el lema del Plan de San Luis que puso fin a la dictadura de Porfirio Díaz: “Sufragio Efectivo, No Reelección”.

El tabasqueño vive atrapado en el pasado. Su obsesión por Francisco I. Madero es mera politiquería.

Paradoja del destino, este año los restos de Porfirio Díaz –quien ocupó el poder por más de 30 años reeligiéndose– deben ser exhumados del cementerio de Montparnasse, en París donde han

permanecido desde 1915 y en todo caso repatriados a México dado que ha vencido la “perpetuidad” de 99 años. Los aliados del Partido Verde de la cuarta trasformación han solicitado a Obrador que se traigan de regreso al país los restos del dictador. Obrador dice que por su gobierno no hay problema.

Así, mientras los diputados del partido verde promueven el regreso de los restos de Porfirio Díaz, a quien los partidarios de la Revolución llamaron “El monstruo del mal, de la crueldad y de la hipocresía”, el presidente Obrador todos los días profana la tumba de Madero a quien invoca una día sí y otro también en las “mañaneras”.

Todos sabemos que Madero dio su vida por luchar contra la reelección, pero contrario al llamado “apóstol de la democracia”, el gobierno de Obrador se ha encargado de demoler el legado de Madero.

Los diputados de Morena por instrucción de su caudillo aprobaron en plena pandemia la reelección de diputados y alcaldes. Ese fue el primer paso en las ambiciones de Obrador por prolongar su mandato. La ampliación del mandato del presidente de la Suprema Corte, Arturo Zaldívar es parte de esa trama que apunta hacia el proceso electoral de 2024 para solicitar la ampliación del mandato de Obrador por otro período sexenal o un mínimo de tres años.

Zaldívar sería un ministro espurio, como lo fue Obrador cuando se proclamó como el “presidente legítimo”, desafiando al gobierno de Felipe Calderón, recordando aquél cómico zacatecano en el porfiriato, Nicolás Zúñiga y Miranda quien era conocido como “el candidato perpetuo” y quien llegó a proclamarse en el “presidente legítimo”.

Como Chávez con Bolívar, Obrador busca resucitar a Madero como una reencarnación. Obrador se siente un clon de Madero, en la versión 2.0 del “apóstol de la democracia” al asumirse en el guardián de las elecciones.

Lo malo es que Obrador está más cercano de la reencarnación de Santa Anna, se siente el dueño del país, solamente le falta escriturar el territorio nacional como su propiedad.

Obrador es dueño del Congreso, dueño de la Suprema Corte y va por su reelección como don Porfirio. No le aunque se pase por el arco del triunfo el lema de “Sufragio Efectivo, No Reelección”.

(Foto tomada de Internet, revista Etcétera)