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Joaquín un ciudadano que encontró respaldo alimentario con El Chema

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 Viernes, Mayo 22, 2020

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Podría ser un día como muchos otros. Pero no lo es. Joaquín, como varios, perdió su empleo, y con ello la posibilidad de llevar comida a su casa.

Ha hecho de todo para mantener la esperanza de llevar alimentos a su mujer y dos  hijos.Es una víctima más de la recesión ocasionada por la emergencia sanitaria a causa del coronavirus.

Las oportunidades escasean, pero la necesidad de llevarse un alimento a la boca es constante.

Ha hecho de todo, se ofreció como jardinero de casa en casa, pero son pocos los que lo emplean. Ha buscado trabajo como cargador en los comercios pero tampoco ha tenido suerte; "no hay ventas" le dicen y lo animan con la posibilidad de un empleo "cuando acabe la pandemia".

La búsqueda de oportunidades es diaria. No hay... Y el hambre se cierne sobre su hogar.Providencialmente, en su calvario, de topa con un viejo conocido que está en las mismas, pero su rostro no es duro por la desesperanza.

Cruzan saludos, los de rigor. Y se cuentan sus cuitas. El amigo le dice que no todo está perdido. Has esperanza. Y le cuenta que hay un sitio donde puede recibir el apoyo para su familia.

A Joaquín le brillan los ojos y en su rostro se esboza un gesto que quiere ser una sonrisa. Su camarada le cuenta que, pese a la crisis que vive, las cosas para su familia no han sido ya duras. Pero Joaquín se resiste a creer. "Nada es gratis" refuta. Su amigo le pide que lo acompañe.

Y caminan, uno con emoción, el otro con resquemores. Hasta que llegan a una casa, donde ya hay una fila de personas que avanza lenta, pero constante.

El compañero de Joaquín le pide que se forme mientras va en busca de unos vasos de Unicel y le encarga sus trastes.

Mientras, el hombre que está adelante de Joaquín en la fila le hace la plática.

"No lo he visto antes", o quiere el hombre de unos 60 años. "Qué bueno que vino", lo alienta.

Y acto seguido le confía: "si no fuera por estos apoyos, no sé que sería de mi esposa y de mi; es muy difícil para mí conseguir trabajo y ahora no hay latas para vender. Pero gracias al diputado vengo terciado, y me llevo comida para dos días".

La fila avanza.

Su amigo llega a tiempo con unos envases de yogur y se los extiende. Joaquín los toma azorado. Y una figura masculina, con cubrebocas y enfundado tras un delantal,  le pide sus utensilios. Le sirven comida en sus envases.

Atónito, Joaquín no lo puede creer. Le surten sopa, guisado, frijoles y tortillas.

Recibe sus trastes sorprendido. Balbucea las gracias. Y se da la vuelta con su amigo.

"Puedes venir por comida aquí" le dice el amigo. "Al menos hasta que consigas trabajo puedes tener está ayuda. Aprovéchala. El apoyo del diputado Chema no te cuesta y te hará decirle adiós a las penas".

Se retiran con la misma dirección y al cabo de dos cuadras se despiden con rumbos diferentes.

Joaquín camina aprisa rumbo a su casa, con una sonrisa incontenible, llena de alegría y esperanza, como si en su pensamiento  se estuviera diciendo  a sí mismo: "por fin comeremos bien este día".

Y se pierde entre las calles de este pueblo mágico, para llevar la buena nueva a su familia.

   


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