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Trump genera polémica ante su discurso migratorio

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 Miércoles, Febrero 6, 2019

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'Los demócratas no hacen nada. Si no hay muro, no hay seguridad', tuiteó el presidente

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, está labrando nuevas divisiones sobre inmigración antes de su Discurso del Estado de la Unión (SOTU, por sus siglas en inglés) que probablemente ofrezca una guía más confiable para el próximo año que los llamamientos rituales a la unidad nacional que se espera haga el martes por la noche, publicó CNN.

“Con las caravanas marchando a través de México y hacia nuestro país, los republicanos deben estar preparados para hacer lo que sea necesario para una FUERTE SEGURIDAD fronteriza”, escribió Trump en un tuit el domingo por la tarde.

“Los demócratas no hacen nada. Si no hay muro, no hay seguridad. Tráfico de personas, drogas y delincuentes de todas las dimensiones. ¡MANTÉNGASE FUERA!”, escribió Trump.

El estallido de Twitter hizo trizas las declaraciones de la Casa Blanca sobre que Trump intenta sanar viejas heridas, superar divisiones y utilizar el discurso anual ante una gran audiencia televisiva para proyectar optimismo.

El momento del tuit de Trump puede no ser una coincidencia: surgió poco después de que Axios publicara semanas de calendarios filtrados del ala oeste pintando una imagen poco halagadora de un presidente que pasa horas al día en “tiempo ejecutivo” no estructurado.

Pero los intentos de distracción de Trump a menudo son instructivos ya que generalmente reviven el estilo de la política de tierra quemada que puso en marcha entre sus partidarios en 2016 y puede explicar por qué rara vez, o nunca, ha atraído apoyo político mayoritario.

Esa es una razón por la cual será importante observar cómo se comporta Trump antes y después de su discurso sobre el Estado de la Unión, en lugar del tono de sus oraciones televisivas.

El juego político obvio del martes, para un comandante en jefe que está perpetuamente bajo el agua, sería claro para cualquier otro presidente menos para Trump.

Con su índice de aprobación descendiendo luego de una derrota humillante por el cierre del gobierno y con el escándalo de Rusia acercándose a su Casa Blanca, un presidente convencional enfatizaría en la unidad y buscaría ampliar su apoyo.

En un momento de discordantes divisiones políticas nacionales, Trump podría tratar de cambiar al centro político cuando los demócratas se muevan hacia la izquierda al inicio de su campaña primaria de 2020 y posicionarse para ensanchar el estrecho camino de 270 votos electorales que navegó en 2016.

Un presidente como ese se aseguraría en hablar la mayor parte del tiempo de su discurso de la economía rugiente y enfatizaría las brillantes cifras de creación de empleo que constituyen el mejor argumento para su reelección. Para evitar manchar su gran momento con golpes partidistas, podría mantenerse al margen de sus puntos de vista de línea dura sobre los temas más divisivos. En el caso de Trump eso podría significar una retórica suavizada sobre la inmigración, ya que la mayoría de las encuestas muestran que cuenta con el apoyo de menos de la mitad del país en este tema.

Pero así no es como funciona Trump.

Es poco probable que el presidente que construyó una carrera política movilizando una base fiel y airada y modificando deliberadamente las divisiones sociales y culturales del país, marque el cambio fundamental de dirección el martes por la noche que su peligrosa situación política podría sugerir.

Aunque Trump se pondrá de pie en la Cámara de Representantes y llamará a la nación a unirse y enterrar sus diferencias, y es probable que aproveche efectivamente la pompa presidencial, la verdadera prueba se producirá días después del discurso del martes.

La historia sugiere que, aunque a través del horario estelar inspire sus llamados a la grandeza y el propósito común de Estados Unidos, volverá a incendiar Twitter con ataques personales y avivar la indignación con bastante rapidez.

En 2017, en un discurso conjunto ante el Congreso y en 2018 después de su primer discurso sobre el Estado de la Unión, Trump recibió elogios de los presidentes por su conducta presidencial, invocando llamamientos poéticos a la unidad y dirigiéndose a los demócratas en ciertos asuntos.

Sin embargo, en cuestión de días, el Trump del horario estelar no volvió a ser visto por ninguna parte.

Días después de su discurso de 2017, Trump acusó al expresidente Barack Obama de interceptarlo por teléfono en la Torre Trump durante las elecciones, una acusación que carecía de pruebas pero que causó revuelo partidista en Washington.

Poco después del Estado de la Unión 2018, Trump se peleaba con el nuevo director del FBI, manejaba mal un drama de abuso marital que involucraba a un consejero cercano, esquivó un plan de inmigración bipartidista amenazando con vetarlo y acusó a los demócratas de ser “traidores” por no aplaudir su discurso lo suficientemente alto.

Así que siguiendo el principio de evitar tropezarse dos veces con la misma piedra, sería mejor esperar unas semanas para digerir el verdadero impacto del discurso de Trump este año.

Trump buscará inspirar

Aún así, Trump no es más que impredecible.

Un alto cargo del gobierno trató de explicar a los periodistas el viernes que tal tono no sería incompatible con la retórica combativa normal del presidente.

“Bueno, el (discurso del) Estado de la Unión es diferente a otras ocasiones en el año. Y en esa ocasión, cuando tienes 60… 60 a 70 minutos sin filtro para el público estadounidense tienes la oportunidad de explicar toda tu agenda”, dijo el funcionario.

“Y logras el tono y el optimismo que crees que es apropiado en ese lugar”, agregó.

Teniendo eso en cuenta, Trump dirá, según un fragmento: “Juntos podemos romper décadas de estancamiento político, podemos salvar viejas divisiones, sanar viejas heridas, construir nuevas coaliciones, forjar nuevas soluciones y desbloquear la extraordinaria promesa del futuro de Estados Unidos”.

El discurso tratará temas que preocupan a todos los estadounidenses, como el costo de los medicamentos recetados, la infraestructura y la seguridad nacional, una sección que probablemente incluya una mención del creciente papel de Estados Unidos en el colapso político de Venezuela.

Trump ya ha analizado un posible anuncio en una segunda cumbre con el líder norcoreano Kim Jong Un, lo que debería ser motivo de esperanza bipartidista, dada la amenaza que representa el arsenal nuclear de Pyongyang. Sin embargo, la semana pasada, los principales jefes de inteligencia prácticamente repudiaron el optimismo de Trump de que es posible un acuerdo con el estado aislado.

Los escépticos también pueden notar que Trump pidió un gran impulso de infraestructura a los demócratas en el Estado de la Unión del año pasado, pero poco sucedió.

También es probable que el discurso eclipse cualquier movimiento conciliatorio del presidente.

A juzgar por sus propias provocaciones en los últimos días, no tiene ningún plan para alejarse de su demanda de fondos para el muro fronterizo ya que se acerca el fin del plazo de 12 días que amenaza con cerrar nuevamente el gobierno.

La semana pasada, Trump dijo que consideraba como una “pérdida de tiempo” las conversaciones sobre el compromiso de un paquete de fondos para mantener abierto el gobierno después del 15 de febrero que ocurrían entre demócratas y republicanos.

Y dio a entender que utilizaría el Estado de la Unión para señalar que seguiría adelante con la acción ejecutiva: la posible una declaración de una emergencia nacional para construir el muro.

Pero si Trump tiene la intención de seguir adelante y usar el poder ejecutivo para construir el muro fronterizo que fue el centro emocional de su atractivo para los votantes en 2016, socavaría inmediatamente cualquier llamado a la unidad su discurso.

Y una declaración de emergencia nacional representaría uno de los intentos más radicales de usar el poder ejecutivo desde que el presidente Harry S. Truman ordenó la nacionalización de las acerías durante la Guerra de Corea

   


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