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Martes, 27 de Octubre de 2020     |     Tlaxcala.
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Opinión



Septiembre: Sismos Y Gritos

Lunes, Septiembre 21, 2020 - 08:26
 
 
   

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Septiembre es el mes tricolor y de los sismos, algo que cualquier mexicano espera para festejar pero también recuerda las tragedias de los sismos y teme por eso. Este año ha sido diferente, fiestas patrias con festejos digitales,  niños con vestimenta tradicional conectados a zoom o a meet, gritos sin gente pero llenos de emoción, tacos, pozole, chalupas, elotes y chiles en nogada pero en casa; aunque también algunos en los pocos lugares que abrieron o pidieron que les llevaran a sus casas la comida. 

La mañana del 16 sentí un doble vacío, primero porque no había desfile y segundo porque desde hace años todos los 16 llevaba a mi mamá a desayunar al centro de la ciudad de Tlaxcala, en un lugar desde el cual podíamos ver el desfile, este año ya no estaba y no había desfile. Ahí es en donde de repente caes en cuenta que la pandemia cambió cosas y las sigue cambiando, y que el adaptarnos es fundamental para poder seguir con nuestras vidas pero ahora de forma distinta.

En cuanto a los sismos recuerdo perfectamente el del 85, camino a la escuela el radio del coche de mi abuelo se interrumpió por unos segundos para reportar enseguida lo ocurrido, yo no lo sentí por ir en el vehículo pero al llegar a la escuela los niños comentaban que habían sentido feo, hasta que llegué a casa vi a mi mamá y a mi hermanito pegados al televisor, asustados, las imágenes eran trágicas, había nerviosismo. Al día siguiente mis padres fueron a buscar a sus respectivos hermanos a la Ciudad de México, justo ahí les tocó la réplica pero por fortuna no les pasó nada, de eso recuerdo solo imágenes y narraciones posteriores de varias personas que daban cuenta de lo ocurrido. Ya en CDMX me estremecían esos relatos al estar en el Hospital General de México o en el Centro Médico Nacional y recordar esa tragedia.

En 2017 fue diferente, ahí la desesperación por no saber cómo ayudar y ver el caos me llevó a ir en busca de personas que requirieran ayuda al estado de Morelos, llegamos al epicentro del sismo, cerca de ahí, en un pueblo pequeño en el que estaban bautizando a un niño a la hora del sismo se cayó la Iglesia, quedando completamente destruida, nosotros que llegamos buscando heridos que atender solo encontramos a familiares de esas víctimas regresando del panteón, solo atinamos a darles despensas, a veces no hay más que hacer o que decir. Pero el caos continuaba en muchos sitios, y el espíritu de solidaridad del mexicano salía a flote, los puños levantados y las piedras de mano en mano mostraban la madera del mexicano. 

Quizá por eso los sismos sean en septiembre, quizá es un recordatorio de que cuando ocurren desgracias el mexicano da la mano al otro, como aquella amiga que pasó días entre escombros esperando dar primeros auxilios a quien lo requiriera, como aquellos profes que sacaron a una niña del colegio Rébsamen, amigos míos que son ejemplo de valor y amor al prójimo. 

Pero, ¿qué aprendimos de eso? La sociedad mexicana es solidaria, aunque no todos; los gobiernos de todos los niveles, de aquel entonces,  no estuvieron a la altura de la sociedad,  la gente desconfiaba y se organizaba para llevar personalmente la ayuda, no había un lugar al cual preguntar sobre los sitios con mayor necesidad, todo se movía por amigos, redes sociales y teléfono. La sociedad superó al gobierno y aún sin tener todos los recursos que facilitaran la ayuda llegó. Nos dimos cuenta que a pesar de tener experiencia con sismos no estamos preparados, los protocolos de actuación en ámbitos gubernamentales pocos los saben, hospitales, escuelas, todo se vuelve un caos cuando no se sabe qué hacer. Y lo peor, la corrupción de gobiernos nefastos salió a flote y se hizo descarada. 

En recuerdo de aquellos que ya no están y en agradecimiento a esos héroes anónimos busquemos ser mejores y seguir ayudando cuando se requiera, recordemos que hacemos Patria cuando nos solidarizamos y buscamos lo mejor para todos, cuando exigimos que no exista ya la corrupción en los gobiernos, cuando simplemente damos una lata para que aquel que lo requiere se alimente, eso es México, y más que nunca  busquemos que esa solidaridad siga presente.


Más allá de quién resulte ganador del proceso interno del PAN para encabezar la dirigencia del partido en Tlaxcala, la división será la constante y la peor enemiga del futuro representante de ese instituto político, ya que las descalificaciones y la guerra sucia que ha prevalecido durante el proceso de campaña impedirán que haya reconciliación y unidad entre los grupos que al parecer su intención es destruirse para nunca convertirse en una oposición fuerte y organizada.

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