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Opinión



¡¡La actitud pasiva y débil del gobierno genera violencia e impunidad en el país!!

Lunes, Marzo 9, 2020 - 20:37
 
 
   

La verdad no peca pero...

 

 

El alto grado de violencia e inseguridad que vivimos en México se ha convertido en el principal problema que afecta a nuestro país. Las causas que han originado esta grave situación son diversas; sin embargo, considero que una de las principales es la falta de firmeza y mano dura por parte de las autoridades para enfrentar a la delincuencia.

Ante la inacción gubernamental, los delincuentes actúan a sus anchas y hacen de las suyas con absoluta tranquilidad porque saben que sus actos no tendrán ninguna consecuencia. Así vemos que cada día la delincuencia se fortalece más ante la permisiva actitud de la autoridad.

La pasividad de nuestros gobernantes para combatir a los criminales termina siendo un aliciente para delinquir. Los delincuentes saben que la autoridad -municipal, estatal o federal- no actúa porque simplemente está rebasada y es incapaz de hacerlo o porque está coludida con las redes del hampa.

De acuerdo con el Índice Global de Impunidad México 2018 (IGI-MEX), en el país existe una IMPUNIDAD RAMPANTE porque el 99.3 por ciento de los delitos generales que se cometen en el territorio nacional no reciben ningún castigo.

El estudio indica que en México se denuncian solo 5 delitos por cada 100 que se cometen. Y de esos 5 delitos que son denunciados, únicamente un 12 por ciento llega a un tipo de investigación que concluye en un resolutivo de una autoridad judicial.

Los datos del IGI-MEX indican que México encabeza la lista de naciones del continente americano con el más alto índice de impunidad y que se ubica como el cuarto peor país a nivel mundial en este rubro.

Con estos datos, estimado lector, resulta más fácil comprender porqué los niveles de violencia e inseguridad que vivimos en el país no solo no disminuyen, sino que  van en aumento y cada vez alcanzan niveles más alarmantes a pesar de los cambios de gobierno.

Hoy es común escuchar al presidente LÓPEZ OBRADOR decir “abrazos, no balazos”, “todos a portarnos bien”, “este gobierno no es represor” o “los voy a acusar con su mamá y su abuelita”. Estas frases de nada han servido para enfrentar lo que hoy nos ha convertido en uno de los países más inseguros del mundo, con uno de los más elevados índices de personas que pierden la vida de manera violenta.

Mucho se ha discutido y señalado, como elemento fundamental para que esto ocurra, el llamado Nuevo Sistema Panal Acusatorio, ya que desde que entró en vigor ha sido evidente el beneficio que brinda a los delincuentes. Un claro ejemplo es cuando se señala a alguna persona de haber cometido un hecho delictivo y no se puede mostrar su rostro (actualmente se cubren los ojos) ni poner su nombre completo (se ocultan los apellidos), esto derivado de la llamada “presunción de inocencia”.

Y así como esto, son muchas las disposiciones que tal parece que sirven más para proteger a quien infringe la ley que a los afectados, quienes comúnmente evitan proceder legalmente pues saben que hoy en día presentar una denuncia es pérdida de tiempo y no sirve de nada.

Actualmente, gracias a los medios de comunicación y sobre todo a las redes sociales, nos enteramos de acontecimientos que ofenden y denigran a la sociedad, pero resulta incomprensible que no se haga absolutamente nada cuando vemos imágenes de hombres y mujeres encapuchados causando destrozos a lo que encuentran a su paso, así como agrediendo e insultando a quienes se atreven a cuestionar su forma de manifestarse por cualquier pretexto. Y no digamos cuando se trata de tomar instalaciones educativas, que últimamente están en auge.

En pocas palabras, estimado lector, considero urgente la necesidad de modificar nuestras leyes para que estén acordes con los tiempos que actualmente vivimos y para que se apliquen severos y ejemplares castigos a todo tipo de delincuentes. Es momento de terminar con los bloqueos a las vías del tren, los cierres de carreteras, el robo de combustibles, la toma de casetas de autopistas y muchos otros delitos que se cometen sin castigo alguno.

Como siempre, mi total agradecimiento y respeto a quienes me brindan un momento de su tiempo. Hasta la próxima, si Dios lo permite. 


Más allá de quién resulte ganador del proceso interno del PAN para encabezar la dirigencia del partido en Tlaxcala, la división será la constante y la peor enemiga del futuro representante de ese instituto político, ya que las descalificaciones y la guerra sucia que ha prevalecido durante el proceso de campaña impedirán que haya reconciliación y unidad entre los grupos que al parecer su intención es destruirse para nunca convertirse en una oposición fuerte y organizada.

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