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Martes, 31 de Marzo de 2020     |     Tlaxcala.
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Opinión



¿Realmente ha sido bueno para los tlaxcaltecas que el estado no tenga deuda pública?

Lunes, Febrero 24, 2020 - 22:10
 
 
   

La verdad no peca pero...

El tema de la deuda pública, estimado lector, es polémico porque se ha satanizado este tipo de financiamiento debido a que existe una percepción casi generalizada de que somos gobernados por políticos corruptos e inescrupulosos, que casi siempre se salen con la suya porque roban con total descaro e impunidad.

Desde esta forma de ver las cosas, hablar de deuda pública remite casi irremediablemente a dos de los más grandes cánceres que padecen nuestro estado y nuestro país: la corrupción y la impunidad.

Por eso se entiende que actualmente en la legislación de Tlaxcala exista un candado que limita el endeudamiento que tanto el Estado como los municipios pueden adquirir. De entrada, el artículo 101 de la Constitución estatal precisa que los empréstitos deben destinarse a inversiones públicas productivas y que deben ser aprobados por las dos terceras partes de la Legislatura local.

Fue en abril de 1997, durante el sexenio del exgobernador José Antonio Álvarez Lima, que quedó establecido este candado. Originalmente, la LV Legislatura local determinó que los préstamos contratados no podían ser superiores al 3% del presupuesto anual y que debían ser liquidados a más tardar en el año fiscal siguiente.

En 2008, durante el sexenio de Héctor Ortiz Ortiz, el Congreso local amplío el límite de endeudamiento y dio la posibilidad al gobierno estatal de contratar empréstitos por hasta el 20% de su presupuesto anual, mientras que a los municipios les autorizó hasta un 15%. 

Así, aunque el candado para la contratación de deuda pública por parte de los gobiernos local y municipales fue ampliado en 2008, están por cumplirse 23 años de que en el estado de Tlaxcala la adquisición de deuda pública está, en los hechos, prácticamente restringida.

En los últimos meses, sobre todo en las recientes visitas del presidente LÓPEZ OBRADOR a la entidad, se ha mencionado con insistencia que Tlaxcala es el único estado del país que no tiene deuda pública. Incluso, se llegó a poner a la entidad como ejemplo a nivel nacional.

Sin embargo, considero oportuno hacer una reflexión al respecto: ¿hasta dónde ha sido positivo que el gobierno no pueda endeudarse para llevar a cabo obras de alto impacto que permitan el progreso y desarrollo del estado, que a su vez propicie una mejoría en las condiciones de vida de sus habitantes? 

Un claro ejemplo es lo que sucede en Apizaco, donde una obra que resulta indispensable y necesaria, en el mediano y largo plazo, es la construcción de una central camionera que resolvería uno de los principales problemas que aquejan a la demarcación. El municipio cuenta con el terreno de 6 hectáreas que la empresa Rohm & Hass donó, pero hace falta recurso para invertir en una obra de esa magnitud.

Por eso considero que sería interesante iniciar un debate para analizar, con argumentos serios y cifras comparativas del desarrollo que han tendido en las últimas dos décadas entidades de características similares a las de Tlaxcala, si el candado constitucional de endeudamiento público no ha limitado el progreso del estado y de sus habitantes.

La percepción generalizada que tiene la ciudadanía respecto de este tema es que “los gobiernos roban mucho”. En la actualidad abundan noticias de servidores públicos -sobre todo de exgobernadores que son acusados de enriquecimiento ilícito- que han amasado grandes fortunas a través del desvió de recursos públicos. En la mayoría de los casos impera la impunidad, ya que solo algunos de los imputados están en prisión.

En aras de no frenar el desarrollo, se debe analizar con seriedad y responsabilidad la posibilidad de ampliar los límites del endeudamiento público en Tlaxcala, en el entendido de que todo crédito de esta naturaleza debe ser aprobado y vigilado para que su administración sea eficaz, eficiente, honesta y transparente.

Considero que evaluar la posibilidad de que en Tlaxcala se pueda recurrir, de forma responsable, a la deuda pública representa un camino hacia una transformación que permita aprovechar las bondades que la naturaleza le ha brindado al estado, como la ubicación geográfica o el clima. 

Si a los relativamente bajos niveles de inseguridad que hoy vive Tlaxcala se sumara una vigorosa y potencialmente creciente infraestructura, nos colocaríamos en una posición envidiable para atraer inversiones no solo extranjeras sino también nacionales de todos aquellos mexicanos que están buscando un mejor lugar para vivir por los problemas de violencia que padecen en otros estados.

Como siempre, mi total agradecimiento y respeto a quienes me brindan un momento de su tiempo. Hasta la próxima, si Dios lo permite.


Más allá de quién resulte ganador del proceso interno del PAN para encabezar la dirigencia del partido en Tlaxcala, la división será la constante y la peor enemiga del futuro representante de ese instituto político, ya que las descalificaciones y la guerra sucia que ha prevalecido durante el proceso de campaña impedirán que haya reconciliación y unidad entre los grupos que al parecer su intención es destruirse para nunca convertirse en una oposición fuerte y organizada.

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