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Opinión



Zaldívar y la silla incómoda

Martes, Febrero 18, 2020 - 20:10
 
 
   

Carácter variopinto de lo que podría describirse como un círculo de acero.

Existe un efecto inversamente proporcional entre la exposición pública del ministro presidente de la Corte, Arturo Zaldívar, y los frentes de conflicto que se salen al paso de su liderazgo y de la influencia de la 4T en el máximo tribunal. Mientras mejor parece irle afuera, más pobre consenso despierta en el conjunto del Poder Judicial de la Federación (PJF).

 

El paquete de reformas para el sistema judicial que Zaldívar presentó el pasado miércoles es un ejemplo puro de esta situación: un pormenorizado documento con más de 170 páginas… al cual se había referido en días previos, por escasos 10 minutos, durante una charla privada con sus compañeros de la Corte. Por no mencionar la nula consulta con las asociaciones de magistrados y jueces federales que integran el PJF. Los miembros de ese poder del Estado debieron conformarse con conocer tales propuestas en los medios o por conducto de algún senador.

 

 

En un gesto de honestidad, Zaldívar confirmó este vacío de interlocución en las entrevistas que concedió a los medios. Precisó, en cambio, que las propuestas de reforma fueron elaboradas por su cuerpo personal de colaboradores, entre los que destacó, ahora se sabe, Felipe Borrego Estrada, abogado y político de origen panista (hoy cercano al líder senatorial Ricardo Monreal), al que alguna vez se le atribuyó una investigación sobre el extendido nepotismo en el PJF.

 

 

El carácter variopinto de lo que podría describirse como un círculo de acero en torno a Zaldívar Lelo de Larrea es un factor que sembró suspicacias desde que en enero de 2019 anunció sus primeros nombramientos, muchos de los cuales ostentan un claro sello del PRI inmediato anterior, en particular personajes ligados al controvertido ex consejero jurídico presidencial Humberto Castillejos. La influencia de éste se extiende  sobre múltiples puestos, lo que va desde las áreas de comunicación hasta el poderoso secretario ejecutivo del pleno del Consejo de la Judicatura Federal, Arturo Guerrero Zazueta.

 

 

Resulta al menos curioso, por no decir contradictorio, que el señor Castillejos y aliados suyos en el gobierno Peña Nieto estén siendo investigados por algunas altas áreas de la administración López Obrador, mientras sus protegidos (y de otros destacados priístas) despachan en el PJF.

 

 

Tras su llegada, Zaldívar ha avanzado sin duda en el control del PJF. La precipitada caída del ministro Eduardo Medina Mora, un año después, silenció voces discordantes que habían provocado dos bloques al interior del pleno. Pero aun ahora hay quienes identifican la existencia de hasta tres bloques, más discretos y con integrantes que oscilan de uno a otro.

 

 

Entre las voces disidentes ya no se hallan solo ministros identificados con el pasado reciente o remoto. También se cuentan nuevos miembros de la Corte. Aquellos que esperaban que se tomaran en serio los exhortos presidenciales para bajar los sueldos de nuestros altos jueces. O algunos otros a los que incomoda que su nueva compañera, Margarita Ríos-Farjat, haya ordenado lujosas ampliaciones en su despacho, o que conserve la docena de escoltas que le asignó la Marina cuando se desempeñó como titular del SAT. O que persistan opacos fidecomisos internos por miles de millones de pesos cada uno.   

 

 

Apuntes: “¡No, Julio, no será así!”, dijo, casi exclamó el presidente López Obrador, durante una reciente sesión del gabinete de seguridad, previa a la cotidiana “mañanera” del día. Si dirigía, con especial énfasis, a su influyente consejero jurídico, Julio Sherer Ibarra. El resto de los funcionarios, secretarios de estado en su mayoría, guardó silencio; algunos desviaron la mirada para simular que no presenciaban un duro momento en la relación del mandatario con el que es quizá su principal consejero. Fuentes consultadas confirmaron el incidente: Sherer insistió en la promoción de un paquete legislativo, hasta toparse con la dura frase. ¿Qué ocurrió en Palacio entre el presidente y su consejero? ooo José Francisco Ruiz Massieu sí perteneció al mismo clan universitario de Carlos Salinas de Gortari y Emilio Lozoya Thalmann, pero desde la Facultad de Derecho, no en Economía, de la UNAM, como pude haber asentado equívocamente en la pasada entrega. Agradezco a Mario Melgar, su contemporáneo, por la precisión. (rockroberto@gmail.com).  

 

Más allá de quién resulte ganador del proceso interno del PAN para encabezar la dirigencia del partido en Tlaxcala, la división será la constante y la peor enemiga del futuro representante de ese instituto político, ya que las descalificaciones y la guerra sucia que ha prevalecido durante el proceso de campaña impedirán que haya reconciliación y unidad entre los grupos que al parecer su intención es destruirse para nunca convertirse en una oposición fuerte y organizada.

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