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Sábado, 29 de Febrero de 2020     |     Tlaxcala.
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Opinión



¡¡La apatía e indiferencia de los apizaquenses propicia los malos gobiernos!!

Lunes, Febrero 3, 2020 - 18:51
 
 
   

La verdad no peca pero…

 

Seguramente usted, como yo, ha escuchado muchas veces la perturbadora frase que dice “cada pueblo tiene el gobierno que se merece”, y tal vez también le ha resultado incómoda y hasta ofensiva, sobre todo cuando proviene de alguien ajeno a nuestro municipio, estado o país.

Esa frase nos achaca a los ciudadanos un alto grado de culpa por permitir y tolerar pacientemente a gobernantes ineptos y corruptos que buscan el beneficio propio por encima del bienestar colectivo.

Considero que, en buena medida, la apatía y el desinterés ciudadano tiene que ver con un desencanto con la democracia y la alternancia política, ya que hace apenas unos 20 años estos elementos eran vistos como el sendero prometido para el cambio político y social que necesitaba el país.

Sin embargo, hoy existe un sentimiento ciudadano creciente de que los partidos y los políticos solo nos quieren como votantes irreflexivos y sin capacidad crítica, que no importamos más una vez transcurrida la jornada electoral.

En la actualidad sabemos que la democracia representativa y la alternancia política son insuficientes para resolver los problemas que nos aquejan como sociedad. Está claro que las problemáticas municipales, estatales y nacionales no se resuelven solo con elecciones limpias ni cambiando a unos políticos por otros.

Cuando existe una sociedad organizada e interesada en lo que ocurre en su localidad, y determinada a vigilar y colaborar con el trabajo de sus autoridades, es más fácil alcanzar objetivos que realmente contribuyan al desarrollo y progreso de la comunidad.

Lo más triste y más común, por desgracia, es que la ciudadanía solo se limite a quejarse amargamente y criticar con furia la actitud de sus autoridades sin participar directamente en la toma de decisiones. Esto fomenta y propicia un estancamiento y, en ocasiones, un retroceso en el desarrollo de la  comunidad.

Con tristeza veo que en Apizaco, como en muchos municipios del país, la casi nula participación de sus habitantes en la toma de decisiones de gobierno ha permitido la ejecución de acciones perjudiciales y con una visión de muy corto plazo.

Las últimas cuatro administraciones municipales panistas -Alex Ortiz, Orlando Santacruz, Jorge Luis Vázquez y Julio César Hernández- han sido incapaces de resolver de fondo problemas cotidianos del municipio como el caótico comercio informal, el deficiente servicio de recolección de basura, el desorden en el transporte público y la creciente inseguridad.

Cada uno de estos gobernantes ha optado por soluciones cortoplacistas, con la complicidad de una ciudadanía pasiva, que llegaron incluso a la absurda y millonaria privatización del servicio de limpia y a la distribución del espacio público para la explotación, con fines de lucro, por parte de vendedores ambulantes y transportistas.

Se aplaude que la autoridad municipal busque regular al comercio informal y al transporte público. Lo que se critica es que se haga sin un plan de largo plazo y sin transparentar tanto los padrones de comerciantes y transportistas como las cuotas que estos pagan y el destino específico que ese dinero tiene.

Si la ciudadanía apizaquense quiere mejores gobiernos es tiempo de superar la apatía y la indiferencia que en los últimos años ha permitido total impunidad para quienes han desfalcado al municipio con millones de pesos, de acuerdo con reportes de la propia Auditoría Superior de la Federación.

La apatía y la indiferencia de un pueblo respecto de sus gobernantes, es el mejor escenario para la proliferación de una clase política de oportunistas y corruptos. Estoy convencido, estimado lector, que Apizaco merece algo mucho mejor que eso.

Como siempre, mi total agradecimiento y respeto a quienes me brindan un momento de su tiempo. Hasta la próxima, si Dios lo permite.


Más allá de quién resulte ganador del proceso interno del PAN para encabezar la dirigencia del partido en Tlaxcala, la división será la constante y la peor enemiga del futuro representante de ese instituto político, ya que las descalificaciones y la guerra sucia que ha prevalecido durante el proceso de campaña impedirán que haya reconciliación y unidad entre los grupos que al parecer su intención es destruirse para nunca convertirse en una oposición fuerte y organizada.

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