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Jueves, 21 de Noviembre de 2019     |     Tlaxcala.
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Opinión



¡¡Prepotencia, soberbia y corrupción, males que aquejan a la mayoría de servidores públicos en Tlaxcala!!

Lunes, Noviembre 4, 2019 - 20:54
 
 
   

La verdad no peca pero...

 

En teoría, un servidor público es una persona que desempeña un empleo, cargo o comisión al mando del gobierno y que está obligada a mostrar en todo momento una conducta apegada a los principios de legalidad, lealtad, honradez, imparcialidad y eficiencia.

Sin embargo, en la vida real los ciudadanos nos enfrentamos cotidianamente a obstáculos y malos tratos por parte de quienes desempeñan un cargo público en cualquier nivel de gobierno.

Cuando como ciudadanos tenemos la necesidad de acudir ante alguna autoridad en busca de la atención a la que tenemos derecho, muchas veces  debemos soportar una serie de trabas para lograr ser atendidos. Por si esto no fuera suficiente, las menos de las veces se resuelve favorablemente el requerimiento en cuestión.

Este fenómeno se repite de manera constante en casi todas las oficinas públicas de cualquier orden de gobierno; por desgracia, el maltrato y desprecio es más evidente hacia la gente humilde. 

Seguramente usted, como yo, ha sido testigo de la diferencia de atención que recibe el clásico “recomendado” o una persona de alto nivel socioeconómico; para ellos sí existe un trato especial que incluye saludo, cortesía y hasta sonrisa.

Estas deficiencias de nuestros servidores públicos se reflejan en una falta de confianza por parte de la sociedad hacia el gobierno. Solo por mencionar un ejemplo de esta desconfianza, diré que en Tlaxcala se denuncia apenas uno de cada 10 delitos que se cometen.

De acuerdo con la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública 2019, que realiza el Inegi, en el estado el 89.8 por ciento de los delitos no se denuncia. Entre las causas destacan la desconfianza en la autoridad, con un 15.7%, y la pérdida de tiempo, con un 20.4%.

Ante este panorama, considero que quienes laboran subordinados al Estado no han comprendido el verdadero significado de las palabras “servidor público”, ya que su labor es de utilidad social y debe beneficiar a otras personas sin generar ganancias privadas, más allá del salario percibido.

Por la actitud de muchos servidores públicos no parece que su obligación sea atender los asuntos y las problemáticas ciudadanas propias de la naturaleza de su cargo. A veces, incluso, hasta se comportan como si nos hicieran un favor cuando lo único que hacen es desempeñar el trabajo por el que cobran del erario.

Y ahora, estimado lector, hasta resulta que cada vez que un servidor público -trátese de un presidente municipal, gobernador o cualquier otro funcionario- cumple con la obligación de llevar a cabo alguna acción de beneficio común, cree que debe ser premiado con la gratitud o la lealtad política de la gente beneficiada.

Por ejemplo, en la inauguración de alguna calle recientemente pavimentada es común observar frases como “Gracias, Señor Gobernador” o “Gracias, Señor Presidente”, cuando lo único que el funcionario público está haciendo es cumplir con su trabajo, ya que recibe un salario pagado con los impuestos de la ciudadanía.

Pienso que esas actitudes y muestras de agradecimiento -sean espontaneas o inducidas- lo único que provocan es un reforzamiento de conductas  prepotentes y soberbias en malos servidores públicos que ven a la gente de arriba hacia abajo, sintiéndose siempre superiores a sus gobernados.

Creo, estimado lector, que uno de los propósitos fundamentales de cualquier instancia de gobierno debe ser conducir a sus servidores públicos a una conducta de respeto, sencillez, cordialidad y sobre todo empatía con el ciudadano, que no es más que una persona que necesita de la protección o la atención del Estado para alcanzar una base mínima de dignidad en su vida.

Como siempre, mi total agradecimiento y respeto a quienes me brindan un momento de su tiempo. Hasta la próxima si Dios lo permite.


Más allá de quién resulte ganador del proceso interno del PAN para encabezar la dirigencia del partido en Tlaxcala, la división será la constante y la peor enemiga del futuro representante de ese instituto político, ya que las descalificaciones y la guerra sucia que ha prevalecido durante el proceso de campaña impedirán que haya reconciliación y unidad entre los grupos que al parecer su intención es destruirse para nunca convertirse en una oposición fuerte y organizada.

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