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Amar / Por el Placer de Servir

Miércoles, Octubre 23, 2019 - 12:27

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Amar

Reflexionando un cuestionamiento que me formularon hace días. Acerca de mi concepto de amar a varias personas al mismo tiempo y con la misma intensidad. Lo que me llevó a proporcionar dos respuestas, iniciando por la fácil y práctica: que eso para mí resultaba difícil y prácticamente imposible. Pero ello hizo que rebobinara una parte de la misma, y me llevara a corregir rápidamente. Pues comprendí que en la preguntaba, no se refería únicamente a los sentimientos personales como el amor. Sino también las vivencias y conceptos de los que puedo hablar sin temor a cometer imprudencia alguna.

Es importante reconocer que en mi vida pasada y cotidiana amé, en la presente sigo amando y cierto estoy, por el resto de ella seguiré amando, en un hecho real y tangible. Y lo justifico, pues no puedo concebir la vida de un ser racional sin amor, y menos al tratarse de seres con triunfos, éxito y logros sin que haya sido motivado por amor a algo o alguien. Pues recordemos siempre existe un motor interno y poderoso que nos lleva a la realización material y espiritual, cuyo fin último es, fue y será el disfrutar plenamente de las personas y las cosas que nos rodean.

Retrocediendo en el tiempo, hasta el momento que creo haber tenido uso de razón, mi mayor concentración de amor lo tuve de y hacia mis padres, a quienes debo todo cuanto disfruto y vivo. Conforme fui adquiriendo la razón, y según ahora comprendo amé a mis abuelos, tíos súper especiales, primos, amigos y algunos de mis maestros. De quienes llevó recuerdos bellos y con una gran enseñanza. Y subrayo de especial manera a mi Hermana a quien amo hasta el cansancio.

Ya como adulto, amé con pasión a la mujer maravillosa que el Ser Supremo dispuso para mi vida, quien por cierto hoy cumple un año más de experiencia, amor, fe y sueños. A quien continuaré amando más allá de esta vida por su permanente e impresionante amor, solidaridad, entrega y comunión para su familia.

Abundo en el amar, desde lo más profundo de mi espiritualidad, soy un convencido del amor a mi Dios, porque Él me ha hecho capaz para encontrar, entender y fortalecer mis limitaciones y fortalezas. Y más aún, porque siempre está conmigo dispuesto a escucharme y caminar a mi lado y yo al de Él. Y si de amores aparejados se trata, debo reconocer que lo siento por los valores: verdad, lealtad, fe, amistad, solidaridad, libertad, caridad, optimismo y esperanza, porque me permiten vislumbrar un mundo virtuoso e igualitario. 

Y si amo, es porque me hace fuerte y aleja de mi al temor, rencor, soledad, tristeza, odio y envidia. Es vital estar conscientes que el amor cura cualquier dolor del alma. Pues también nos hace perdonar y olvidar cualquier agravio que nos pueda lastimar. Pero amo también al amor, porque por él puedo sentir ese torrente de sensaciones y emociones que me produce mi eterna compañera de viaje, que pese a más de dos décadas de vida juntos, reconozco aún me mueve el piso.

Cómo no amar a más de una persona a la vez, si hay seres que nos hacen transportarnos a otro mundo por un simple abrazo, beso o llamada, que nos pueden regalar nuestros hijos, a quienes vemos cada día evolucionar desde la indefensión, hasta ya estar en la universidad y más. 

Reitero porque lo creo, que el amor va más allá de una simple experiencia, pues es todo un mundo de sensaciones y sentimientos cuya representación es tan variada y se manifiesta en diferentes formas que pudiera ser infinita. Y si lo vemos reducido o pequeño, es porque nosotros mismos, nos encargamos de limitar.

Desde mi perspectiva, considero que amar es tan maravilloso, que no existe tiempo, lugar o forma para sentirlo y demostrarlo. Y tan mágico, que podemos amar hasta lo ya muerto o lo que aún no ha nacido. Porque seguramente esa es una más de nuestras misiones en la vida.

Se han preguntado por qué nuestros ojos se llenan de lágrimas cuando leemos alguna historia de amor no logrado, o perdido, o de sueños no logrados por lo que sea. La respuesta es simple y contundente: Porque amamos y nos aman. Pero no todo es bueno en el amar, pues amar implica también sentir rabia por injusticias presentes, pasadas y a la mejor por venir.

Pero a pesar de ello, amar al mismo tiempo a más de uno, es simplemente lo máximo, sublime y bello, pues es el ingrediente que se convierte en el sustrato de nuestra vida racional; en el color, la música y el aroma que hacen de nuestra vida lo placentero y bueno sobre este mundo en el que nos tocó vivir.