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Opinión



¡¡El Caso Ayotzinapa, un dolor de cabeza para el gobierno y la ciudadanía!!

Lunes, Septiembre 30, 2019 - 21:07
 
 
   

La verdad no peca pero…

 

La Normal Rural de Ayotzinapa, en el estado de Guerrero, fue fundada en 1926 por los profesores Rodolfo A. Bonilla y Raúl Isidro Burgos y por disposición de la Secretaria de Educación Pública, que en aquel tiempo estaba bajo la dirección de Moisés Sáenz.

Las escuelas de normalistas de Guerrero, en especial la Isidro Burgos de Ayotzinapa, están asociadas a las luchas sociales, a la guerrilla de los años 70’s y a las figuras icónicas de Lucio Cabañas y Genaro Vázquez. Por lo tanto, esta institución siempre ha sido señalada por tener una fuerte tendencia de izquierda y un conocido historial de violencia callejera.

A los alumnos de la normal de Ayotzinapa se les relaciona desde hace mucho tiempo con el secuestro de autobuses para sus traslados, lo que ha ocasionado constantes enfrentamientos con las fuerzas policíacas.

La noche del 26 de septiembre del 2014, el DIF municipal de Iguala ofreció una fiesta para celebrar los logros obtenidos por su presidenta María de los Ángeles Pineda, y por su esposo el alcalde perredista José Luis Abarca. Se dice que en dicho evento se planeaba lanzar la candidatura de Pineda Villa, pues el marido terminaba su periodo en 2015.

Sin embargo, esa noche un grupo de estudiantes de la normal de Ayotzinapa se trasladó a la central camionera de Iguala con la finalidad de apoderarse de 4 autobuses que formaron una caravana y, debido al intenso tráfico vehicular en las calles de la ciudad, tomaron rumbo hacia el norte. La intención de los normalistas era dirigirse al anillo periférico de Iguala para de ahí enfilar hacia Ayotzinapa.

La ruta elegida por los alumnos de la Normal los haría pasar a una cuadra del festejo del DIF municipal pero, alertada por el aviso de un chofer, la policía comenzó a perseguir los camiones en un intento por impedir que se acercasen al festejo.

De acuerdo con declaraciones del entonces procurador guerrerense Iñaky Blanco Cabrera, el primer episodio de violencia ocurrió a las 21:30 horas, cuando la policía logró interceptar el paso de los autobuses mediante una camioneta que bloqueó su avance. 

Lo anterior provocó que los alumnos bajaran de los autobuses para intentar empujar la camioneta fuera del camino y se enfrentaron a los uniformados. Ahí el estudiante Aldo Gutiérrez Solano y su compañero Daniel Solís Gallardo se enfrentaron a los agentes de la policía municipal, quienes abrieron fuego hiriendo gravemente al primero y matando al segundo.

Esta balacera provocó una desbandada de normalistas pero, a pesar de eso, la policía de Iguala se llevó bajo arresto a la mayoría de estudiantes que no pudieron bajar de los autobuses.

Es a partir de este momento que inicia la tragedia que hasta el día de hoy no se ha podido esclarecer y que ha ocasionado cientos de marchas y protestas, algunas con violencia, encabezadas por los padres de los normalistas desaparecidos.

Del Caso Ayotzinapa surgen muchas dudas y preguntas, como por ejemplo: ¿por qué estaban los estudiantes secuestrando autobuses cuando debían estar en las instalaciones de la Normal donde pernoctaban? Esa es una interrogante que tuvo que haber respondido el director de la institución, José Luis Hernández Rivera; sin embargo, a este personaje prácticamente nunca se le ha mencionado en las investigaciones.

Otra pregunta es: ¿dónde están los normalistas y qué paso con ellos? A cinco años de aquellos lamentables hechos es difícil pensar que aún siguen con vida. Por desgracia, cada día que pasa pierde más sentido aquella frase de “vivos se los llevaron, vivos los queremos” pues es lógico pensar que después de este tiempo ya no haya marcha atrás.

A cinco años de aquella tragedia es verdaderamente vergonzoso que el gobierno mexicano sea incapaz de ofrecer a los padres, los familiares y la sociedad una respuesta clara, convincente y definitiva del paradero y destino que tuvieron los 43 normalistas desaparecidos aquella negra noche de Iguala.

Aunque considero que son reprobables las acciones cometidas por algunos grupos de normalistas tanto aquella noche de septiembre de 2014 como en episodios previos, estoy convencido de que nada justifica el actuar de la fuerza pública -coludida o no con el crimen organizado- para desaparecer de la faz de la tierra a ningún ser humano.

Por eso creo que el caso Ayotzinapa es un dolor de cabeza tanto para el gobierno como para la ciudadanía, pues el Estado mexicano no puede dejar pasar este trágico episodio como si nada hubiera ocurrido. Debe haber una respuesta ejemplar para castigar este crimen atroz. Pero también creo que los justificados reclamos de los padres no deben afectar al ciudadano común que ninguna culpa tiene de lo que ocurrió con los estudiantes desaparecidos.

Como siempre, mi total agradecimiento y respeto a quienes me brindan un momento de su tiempo. Hasta la próxima, si Dios lo permite. 


Más allá de quién resulte ganador del proceso interno del PAN para encabezar la dirigencia del partido en Tlaxcala, la división será la constante y la peor enemiga del futuro representante de ese instituto político, ya que las descalificaciones y la guerra sucia que ha prevalecido durante el proceso de campaña impedirán que haya reconciliación y unidad entre los grupos que al parecer su intención es destruirse para nunca convertirse en una oposición fuerte y organizada.

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