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Domingo, 20 de Octubre de 2019     |     Tlaxcala.
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Opinión



Dos años y la herida que dejo el temblor no cierra

Viernes, Septiembre 20, 2019 - 12:01
 
 
   

Aquí Xicohténcatl…

 

Algo grave pasa en el tema de los templos católicos dañados por los temblores del 7 y 19 de septiembre de hace dos años, al menos los de Tepeyanco, Ocotlán y San José aún presentan las huellas del fuerte sismo que ya es historia.

Como es historia también el desapego de los delegados que van y vienen a Tlaxcala del INAH y que evidencian que solo se pone interés cuando hay forma de sacar rebanadas de los presupuestos.

Si revisamos el pasado reciente se puede decir que al parecer el tiempo se detuvo y se acabó el furor por los descubrimientos arqueológicos de los vestigios prehispánicos de los cuales ese instituto tiene más de mil 200 registros en el territorio de Tlaxcala.

Pero hay situaciones que no se pueden ocultar y que son muy graves para la conservación de la herencia que dejaron nuestros antepasados y no tanto como se puede constatar por ejemplo en el caso de la destrucción de una capilla catalogada como monumento histórico y que es la hora en que no hay responsables.

Todo indica que ya se perdió el interés en el tema, pero ahí están también los murales de Cacaxtla, donde el Mural de la Batalla ya perdió al menos 70 por ciento de su colorido ancestral.

El daño es irreversible y se puede constatar a simple vista, son diversas las causas y tampoco se ha informado sobre severos daños al Templo de Venus donde nadie externo tiene acceso y se teme que los murales prehispánicos de la pareja de sacerdotes con cola de alacrán, ya son historia.

Se habla de retirar la gran techumbre porque se ha convertido en una enorme parrilla que día con día afecta estos invaluables murales, sin que se informe oficialmente al respecto, mientras los delegados que vienen cobran sus quincenas puntualmente y se deteriora cada vez más nuestro patrimonio cultural.

Delegados vienen  de fuera, hasta ahora en el tema no se nota en la Cuarta Transformación y todo parece indicar que el sexenio que transitamos será de total oscuridad para el tema de la cultura ancestral.

Con motivo de la celebración de los dos años del terrible sismo que sacudió a nuestra nación, tenemos que el panorama es desolador y el INAH no se activa mientras sigue la danza de los delegados.

Para otra muestra un botón-

Luego de que el sismo de 7.1 grados registrado hace dos años, dejó profundas y dolorosas huellas en Tlaxcala que siguen abiertas y sangrando, sobre todo en la credibilidad de las autoridades federales, en especial de funcionarios de la delegación estatal del INAH, que a dos años del fenómeno no ha podido restaurar lo dañado.

El Anexo Estadístico ‘Reconstrucción de daños por los sismos del 7 y 19 de septiembre de 2017’, que contiene los datos oficiales de las entidades afectadas por este fenómeno natural, precisó que en Tlaxcala el registro de daños fue en escuelas, viviendas e iglesias.

Es el caso de emblemáticos templos de Tlaxcala, que además de ser remansos de paz para el alma, durante siglos han sido lugar del fomento de las creencias religiosas y que algunos desde ese entonces no han sido ocupados, ya que se encuentran cerrados al culto por el peligro que representan,

En un recorrido realizado por algunos de los templos dañados, aún permanecen escombros, como si el temblor fuera reciente o acabara de ocurrir, nidos de gorriones ya anidaron en las grietas de las cúpulas, lo mismo que las palomas que crían a sus polluelos en lo alto de las torres agrietadas.

En Nativitas fue afectado el templo de La Natividad y en Tepeyanco el de San Francisco de Asís, en este emblemático templo, su fachada luce fragmentada y severamente dañada, incluso se recuerdan esas enormes grúas con las que bajaron de lo alto de la cúpula la lamparilla que muy dañada permanece en el suelo.

En ese lugar se llevará a cabo este día una ceremonia y celebración de un simulacro, dos bocinas muy potentes se han colocado a los lados de los restos de la estructura y se han colocado mantas para la ceremonia donde la autoridad municipal va en busca de reflectores, pero sin dar resultados.

Solo en el templo hay dos personas, al parecer son empleados del INAH, pero los vecinos comentan que desde hace años no se hace nada, es más ya en la cúpula muy dañada crecen plantas y el abandono es evidente.

Solo se ha pintado la reja perimetral, para dar la impresión de que se trabaja, incluso hay fotografías donde se ilustra la restauración que no llega e incluso restos del templo que se desprendieron durante el sismo permanecen en donde cayeron, como se puede aprecian en los registros fotográficos.

En la ciudad de Tlaxcala, las espigadas torres churriguerescas de la Basílica de Nuestra Señora de Ocotlán siguen apuntaladas y sin movimiento alguno, ya hasta la madera de los andamios ha cambiado de color y existe el temor de que otro temblor cause un daño irreparable, por falta de atención de los responsables de la restauración que se ha detenido totalmente.

En el templo de San Dieguito el tiempo se detuvo, las grietas y el daño a la estructura hace pensar que es irreversible, dicen los vecinos del INAH que llegó personal del INAH, pusieron sus andamios y nunca más regresaron.

Ahí el templo se sostiene como con alfileres, ya que de ese tamaño es el daño estructural.

No se ha visto a nadie trabajando desde hace dos años, hay lonas colocadas en el atrio del templo, ahí eran celebradas las misas en memoria del sacerdote Rubén García Badillo.

Pero ya fueron suspendidas, según se informa en un letrero colocado en el lugar, pero todo sigue igual y de la restauración, “ni sus luces”, rematan los vecinos.

Mientras que en el templo de San José, ubicado en el Centro Histórico de la Ciudad de Tlaxcala el panorama no es diferente, si bien ya se han retirado los andamios del frente, en el interior sigue el daño.

El abandono del INAH es de tales dimensiones que como se observa que hay muros sostenidos con cinta adhesiva y hasta ya nació un árbol que cada día crece en lo alto de la agrietada cúpula y tampoco se tiene fecha cercana para abrir otra vez estos templos al culto religioso.

Mientras que el delegado del INAH Tlaxcala, José Vicente de la Rosa Herrera mencionó que son 153 edificios catalogados como patrimonio cultural en la entidad que sufrieron daños por el sismo de 2017, de los cuales 81 ya fueron restaurados en su totalidad, tanto de arte sacro como en sus edificios.

Destacó que al final de las obras -que estimó se concluyan a finales de 2020- se tendrá una inversión aproximada de 180 millones de pesos en la restauración del patrimonio cultural del estado.

Señaló que en principio se habían estimado 134 inmuebles dañados en la entidad tras los sismos, sin embargo, aclaró que "se incorporaron 19 inmuebles, entre ellos el conjunto conventual, la torre exenta, el inmueble del museo regional, la catedral, y parte de las celdas donde habitan los sacerdotes, además de algunos daños en unos muros".

Dijo que tan sólo para esos 19 inmuebles, se han destinado aproximadamente cuatro millones de pesos del Programa Nacional de Reconstrucción.

Por otro lado, De la Rosa Herrera agregó que se está trabajando en inmuebles emblemáticos qué son San José, Tepeyanco, y la Magdalena.

Adelantó que otros 30 inmuebles serán intervenidos en lo que resta del año, "es una labor muy compleja por la especialización que requiere de restauradores y de arquitectos".

Declaraciones que confirman el dicho popular de que “no me den, solo pónganme donde hay” o tal vez se podría confirmar la sospecha de que sean del gobierno que sea, estos funcionarios federales vienen a Tlaxcala no solo por la lava, sino que … SE LLEVAN HASTA LA BORREGA.


Más allá de quién resulte ganador del proceso interno del PAN para encabezar la dirigencia del partido en Tlaxcala, la división será la constante y la peor enemiga del futuro representante de ese instituto político, ya que las descalificaciones y la guerra sucia que ha prevalecido durante el proceso de campaña impedirán que haya reconciliación y unidad entre los grupos que al parecer su intención es destruirse para nunca convertirse en una oposición fuerte y organizada.

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