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Opinión



La política del gran garrote

Lunes, Agosto 5, 2019 - 15:06
 
 
   

Mientras las condiciones lo permitan y antes de que sea tarde tenemos que levantar la voz.

Esta semana, el periodista José Eduardo Campos de Meganoticias TVC convocó a una mesa de análisis sobre la 4T y los medios de comunicación. Uno de los segmentos llevó por título “Choque de Trenes” y efectivamente, lo que dijeron y como lo dijeron quienes participaron en representación del partido Morena me hizo confirmar lo que nos resistíamos a aceptar: el Presidente tiene una profunda aversión –¿repulsión?– por la prensa crítica.

La respuesta que dio recientemente a Naciones Unidas muestra, con toda claridad, que el nuevo régimen está decidido a utilizar todo el poder del Estado para reducir a todos aquellos periodistas, medios de comunicación o espacios de expresión libre que no estén de acuerdo con él.

La ONU, emitió la semana pasada una recomendación en la que advierte que los representantes gubernamentales de alto nivel deben abstenerse de hacer declaraciones delicadas que podrían interpretarse como una reducción del espacio democrático, la libertad de expresión u opinión.

En respuesta López Obrador declaró que no haría caso a esa ni a ningún otro tipo de recomendación de organismos internacionales. “Al diablo con las instituciones”, diría Perogrullo. Es decir, que él seguiría calificando de reaccionaria, conservadora, fifí, hipócrita y corrupta a toda esa prensa que no entiende la Cuarta Transformación.

Y no entender la Cuarta Transformación significa denunciar la inconstitucionalidad de tres leyes que contienen en su espíritu disposiciones con claros tintes autoritarios y represivos.

La Ley Bonilla de Baja California que no es otra cosa más que un laboratorio reeleccionista; la “Ley Garrote”que busca prohibir la protesta en Tabasco, la ley sobre Extinción de Dominio, que pone en riesgo la propiedad privada de inocentes y  el desprecio hacia el pensamiento critico, son la avanzada de un Estado fascista.

La reforma al  artículo 196 Bis del Código Penal de Tabasco señala que todo aquel que “impida o trate de impedir por cualquier medio la ejecución de trabajos u obras privadas se le impondrá una pena de prisión de 6 y 13 años”.

¿Cómo se debe interpretar la expresión “por cualquier medio”? ¿Que serán llevados a prisión no solo aquellos que bloqueen físicamente la construcción de la refinería Dos Bocas sino también a todo aquel que se atreva a hablar o a escribir en contra de ese caprichoso proyecto sexenal?

Baja California y Tabasco muestran que los congresos locales están siendo utilizados para experimentar con la aprobación de leyes que se pretende convertir en disposiciones constitucionales de control político.

Este tipo de reformas suelen llevarse a cabo en las dictaduras con el pretexto de hacer un bien a la sociedad, como lo dijo una diputada de Morena en Tabasco, cuando lo que se busca en realidad es no poner trabas a la obra más cuestionada del sexenio.

Quienes defendían en el programa de Meganoticias la posición presidencial, hablaban como si estos fueran los tiempos de Stalin. Utilizaban ese lenguaje al que recurrían los altos funcionarios del Politburó soviético para imponer la verdad única y matar, incluso, la libertad de conciencia.

Como decía Voltaire: “Cree en lo que yo creo o morirás”, “Cree o te odiaré”.

Lo que distingue a la 4T y a su presidente es una absoluta y evidente repulsión hacia la libertad de ser y de pensar diferente, lo que coloca al país a un paso de tener un régimen prepotente y represor.

Ya sabemos que sugerir algo al Presidente de la República –sobre todo cuando una revista como Siempre! ha sido marcada con el fierro candente de la intolerancia–, no tiene futuro, pero de cualquier forma valdría la pena hacer alguna reflexión.

Hace unos días, a través de las redes, supimos que el colectivo Chopeke, junto con los arquitectos Ronald Rael y Virginia San Fratello, colocaron un sube y baja rosa en el muro fronterizo que separa a México de Estados Unidos. Ahí se ve como niños y adultos de las dos nacionalidades juegan, logrando romper la barrera física y política impuesta por el populista Trump.

¿Qué ocurriría, señor  Presidente Andrés Manuel López Obrador, si en lugar de levantar barreras de odio, intolerancia  y desprecio todos los días entre su gobierno y el resto de los mexicanos, si en lugar de utilizar el “gran garrote” como arma de presión, coloca un sube y baja que permita hacer de su gobierno una alternativa para la convivencia, el desarrollo democrático y no para la represión?


Más allá de quién resulte ganador del proceso interno del PAN para encabezar la dirigencia del partido en Tlaxcala, la división será la constante y la peor enemiga del futuro representante de ese instituto político, ya que las descalificaciones y la guerra sucia que ha prevalecido durante el proceso de campaña impedirán que haya reconciliación y unidad entre los grupos que al parecer su intención es destruirse para nunca convertirse en una oposición fuerte y organizada.

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