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Opinión



Elección presidencial, Congreso de la Unión y efectos económicos

Domingo, Mayo 6, 2018 - 18:16
 
 
   

Es indudable, el resultado de la elección presidencial incidirá en la economía mexicana. Sin embargo, tampoco es el único factor.

 

 Que se diga que algunos candidatos aseguran la estabilidad económica y otros presagian una irremediable crisis, es una verdad a medias. Aunque es cierto --que el resultado y el ejercicio presidencial pueden potencializar una crisis económica-- es falso que esto sea el único detonante. Además de la política del presidente en turno, los factores de una crisis son las decisiones del Congreso de la Unión, las políticas económicas internacionales (Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial, precio del petróleo, tipo de cambio del dólar, relaciones con Estados Unidos, etc.), el resultado de las elecciones en otros países de Latinoamérica (Presidenciales en Venezuela [20 de mayo]; Colombia [27 de mayo]; Brasil [7 de octubre], así como regionales en Perú [7 de octubre]).

De esa larga lista de actores, solo dos están al alcance del electorado de México: la elección presidencial y la del Congreso de la Unión. Pero es está ultima la que poco se ha visualizado en el actual proceso y el INE debería generar una política de “nudge” para concientizar a la ciudadanía mexicana en la importancia que significa la elección adecuada de los mejores perfiles que integrarán la cámara de senadores y diputados.

Efectivamente, el Congreso de la Unión es el único autorizado para imponer políticas económicas y hacendarias. Solo por dar un ejemplo de sus principales responsabilidades en este tema podemos mencionar los siguientes temas: conforme al artículo 73  está autorizado para imponer contribuciones necesarias para cubrir el presupuesto ( fracción VII), regular la deuda pública (VIII) para el aprovechamiento económicos de nuestros recursos naturales (X), Tecnología de la información ( XVII) regular el uso de la moneda  ( XVIII), contabilidad gubernamental ( XXVIII), contribuciones ( XXIX), planeación nacional, desarrollo económico y  la producción suficiente y oportuna de bienes y servicios, social y nacionalmente necesarios, así como la inversión extranjera ( XXIX-D, XXIX-E, XXIX-F)

En la historia económica-política de México, el Congreso de la Unión ha sido igual de responsable que el Ejecutivo en turno por las crisis desatadas. En algunos casos por una sumisión total a ideas desacertadas y en otras por la escasa discusión (de altura) en la medida que se iba a adoptar.

Ciertamente, hasta el año de 1994, el presidencialismo no dejaba lugar a dudas: el Ejecutivo y los factores externos, eran los responsables de la economía del país. El Congreso se limitaba a aprobar las propuestas del Ejecutivo. En 1979, presagio de la crisis del 82, López Portillo no encontró ninguna objeción del Congreso de la Unión para conseguir los préstamos internacionales necesario pues el descubrimiento de los yacimientos del petróleo le hizo pensar que pedir prestado no ocasionaría problemas pues ya había forma de pagar.  Esta situación, de autorizaciones sin objeción, era constante pues vivíamos la época dorada del presidencialismo.  De 1994 para atrás sólo hubo algunos indicios de inconformidad. Leticia Bonifaz[1]ha documentado las siguientes inconformidades: en 1923 Jorge Prieto interpeló a Obregón, la Imposición de Plutarco Elías. Más adelante, ya siendo presidente Elías Calles, el diputado Aurelio Manríquez, le increpó la muerte de Álvaro Obregón. Posteriormente se dieron otras interpelaciones cuando en 1988 al presidente Miguel de la Madrid, el senador Porfirio Muñoz Ledo lo enfrentó y así comenzó una serie de inconformidades, pero no fue sino hasta el año de 1994 cuando por primera vez México vivió un parlamento consolidado, aunque novato en su forma de actuar.

La LVI Legislatura del Congreso de la Unión, que inició sus funciones el día 1 de noviembre de 1994 y concluyó el 31 de agosto de 1997, fue la primera legislatura que tuvo pluralidad, pero también fue la misma que compartió junto con Ernesto Zedillo el error de diciembre.  Esta legislatura tuvo 25 senadores del PAN, 95 del PRI y 8 del PRD. En tanto que el número de diputados fueron los siguientes: 119 del PAN, 300 del PRI, 71 del PRD, 10 del PT. Una legislatura fuerte, plural pero novata.

Ernesto Zedillo tuvo como portavoz a Jaime Serra Puche, quien, al acudir al Congreso, llevó en la mano el paquete económico. Estaba consiente de la mayoría de diputados que tenía, pero también de la oposición que esperaba. Emplea sus mejores estrategias ante una legislatura inexperta en su papel de oposición real y aquella se deja engañar. O como escribe Juan Arvizu, hay oposición pero los puntos de ataque son otros pues no se “descubre la dinamita escondida”.

En este error de diciembre todos se acusan pero hay una constante: “El gobierno concedió a algunos empresarios información privilegiada sobre la inminente devaluación”[2]. El papel de la legislatura es tibia.

Hoy el escenario es distinto. Tenemos como experiencia el error de diciembre; sin embargo, seguimos sin prestar atención a la importancia del Congreso de la Unión. Ahí será (como debe ser) el centro de discusión de nuestra política económica. Y será también la matriz que enviará mensajes de estabilidad o inestabilidad del país para inversionistas de toda índole.

 

[1] Cfr. Bonifaz Alfonzo, Leticia. La división de poderes en México. FCE, México, 2017, pp. 118-123

[2] Cfr. Salinas de Gortari, Carlos. México. Un paso difícil a la modernidad. P&V, México.  2000.


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