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Opinión



En su desesperado afán por aspirar a un triunfo imposible, el PRI-gobierno cierra la puerta a una salida pactada

Domingo, Marzo 4, 2018 - 18:13
 
 
   

Tiempos de Democracia

 

Al comportarse cual chivo en cristalería, el tricolor de EPN parece preferir el descarrilamiento al acuerdo

El saldo negativo de sus estrategias contra Anaya no lo han persuadido de sus evidentes errores tácticos  

Con Meade jugaron la carta equivocada; ni con él ni con nadie el PRI podrá disociarse de la corrupción

  Antes de dar inicio a este artículo, permítaseme una reflexión que considero pertinente. Se refiere a la riesgosa e incierta deriva a la que el PRI-gobierno está irresponsablemente llevando la contienda electoral al valerse de las instituciones del Estado como arma de aniquilamiento político. Para restar importancia a semejante despropósito, los voceros oficiosos del régimen propalan la noción de que se trata de estrategias normales en toda competencia democrática por el poder. Por supuesto no es cierto; el hecho, aunque se niegue, reviste una gravedad excepcional y plantea a los ciudadanos la necesidad de entender -hoy más que nunca- las implicaciones que tiene el derecho a elegir. Si las conocemos podremos ejercerlo a sabiendas de que, votando, contribuiremos a remodelar esta Patria nuestra tan ofendida por la mala política.

¿Enojo irracional?

  El 1º de julio estaremos ante varias boletas electorales en blanco; de cómo las marquemos dependerá, o seguir como estamos, o dar paso a nuevas expectativas. Y advierto: iremos a las urnas en un clima en que privará la exasperación social, una exasperación –reitero- de tal dimensión que hasta Peña Nieto, un presidente ajeno al humor de las mayorías que gobierna, tuvo a bien reconocerla, si bien -con su conocida simpleza- se apresuró a reducirla a un pasajero “enojo irracional”.

Aclaración al canto

  Este opinador, que lleva ya 25 años de inoportunar a sus lectores con sus largos e insustanciales artículos, se considera obligado a precisar su posición al respecto. Empiezo por subrayar que no milito -ni he militado nunca- en partido alguno. Mas no estar afiliado a un instituto político no ha sido -ni es- óbice para que, desde este espacio que El Sol de Tlaxcala me presta semana a semana, manifieste mi simpatía y respaldo a las causas que a mi juicio lo merecen. Particularmente, me rebela la injusticia, la deshonestidad y el abuso de poder y, en repudio de esas inmoralidades, no me paré a ponderar los efectos negativos que esa actitud crítica ha causado a mi persona y a mi interés profesional.

El color de mi cristal

  No participar en partido alguno, empero, no supone carecer de una visión de la política. La mía, mi visión, es liberal y democrática, y tiene pocos puntos de afinidad con el gradualismo conservador de las derechas, y de los gobiernos de corte democristiano. Si tengo muchos, en cambio, con el ideal progresista de cambio que identifica a las izquierdas y a los gobiernos de inspiración socialdemócrata. Mas lo dicho -que revela sin tapujos mi natural inclinación- no prejuicia ni mira con desdén otras propuestas. Sólo objetaría: 1) las que tienen un claro marchamo confesional, opuesto al espíritu laico de la Constitución y, 2) las que apuestan por cualquier variante de continuidad encubridora al actual régimen.

Opción interesante

  En ese orden de ideas, y para evitar que llegue al poder cualquiera de esas tendencias que estimo lesivas para el país, me pareció inteligente y éticamente lícito que se gestara una asociación política de partidos para vincular a los sectores de la derecha moderada con los de la izquierda ajena a radicalismo. El compromiso es, en caso de ganar la elección de julio, constituir un gobierno de coalición que tenga entre sus premisas fundamentales hacer realidad una renta mínima universal, e impulsar -para beneficio de las mayorías- la modernización tecnológica y el desarrollo del conocimiento y la investigación.

Persecución

   A la vista están del elector las tres propuestas a elegir. Digo tres, porque auguró que no tendrá éxito la andanada de patrañas con que, a toda costa y a cualquier precio, el PRI-gobierno, busca eliminar de la boleta electoral a Ricardo Anaya, el candidato de la coalición Con México al Frente. Y no sólo auguro que fracasará, sino que además puede revertirse contra Meade, el candidato sin partido al que recurrió Peña Nieto al no hallar a ninguno idóneo en las filas del tricolor. Y si todavía hubiera quien aún albergue dudas del uso faccioso de las instituciones de la República -PGR, Hacienda, SAT, etc.- bastaría para disiparlas ver el video filmado a Anaya… ¡en los pasillos de la entidad encargada de procurar justicia! Tan torpe espionaje…, ¿acaso no atentaría contra ese imaginario  “debido proceso” que pretenden montar contra Anaya?

Pistas peligrosas

  Por muchísimo menos que eso se defenestró a Santiago Nieto, el fiscal que estaba a cargo de investigar los delitos electorales. Y lo estuvo, hasta que se le ocurrió seguir la huella de los sobornos de la empresa brasileña Oderbrecht, rastro que lo llevó hasta Emilio Lozoya y a la campaña del 2012 del actual presidente. La causa aducida para el despido de Nieto fue que su indiscreción periodística había violado el código de ética de la PGR. Como esa explicación provocó la carcajada nacional, el régimen le añadió un supuesto “daño irreparable” causado al quimérico y aún no iniciado proceso contra Lozoya.  

La tibieza del INE

  La estrategia es de una obviedad grosera: por un lado, la multiplicación indiscriminada de ataques arteros contra los adversarios del PRI-gobierno y, por otro, la abierta y descarada forma con que se protege a socios y amigos del sistema. Pese a ser tan nítida la intencionalidad electoral del maniobrerismo oficialista, Lorenzo Córdoba, el Consejero Presidente del sospechosamente pasivo INE, se limitó a emitir el siguiente exhorto: “…el apego a la legalidad y cumplir con el principio de imparcialidad al que están obligados todos los funcionarios públicos es fundamental para que la elección llegue a buen puerto…”.

La realidad priísta

 Mientras el PRI siga poniendo la corrupción como tema central de la campaña, su candidato perderá esta y las siguientes batallas. La estrategia es equivocada, pues ignora que, en la percepción de la gente, la corrupción y el PRI son conceptos indisolublemente hermanados; el imaginario popular no concibe la una sin el otro. Y concediendo que Meade es dueño de la honestidad que la propaganda le atribuye… ¿nadie en su cuarto de guerra repara en lo que piensa el votante cuando lo ve fotografiado al lado de operadores identificados con lo más rancio de ese partido? ¿disociará al candidato de la corrupción que lo rodea, o creerá que es uno más entre todos?  

Conclusión

  Al PRI de Peña Nieto no le queda mas que hacer un reconocimiento objetivo de las reacciones de un electorado que lo rechaza y que, además, ni entendió ni acepto la nominación de Meade. Dada la irrebatibilidad de esos hechos que todas las encuestas detectan, bien haría en no seguir profundizando las brechas que lo separan de las dos opciones que, esas sí, están compitiendo para ganar. Y negociar su salida con alguno de los dos.

 

 


Señorío Tlaxcalteca.

Trascendidos de fin de vacaciones

A más de un mes de que el gobernador Marco Antonio Mena Rodríguez anunció ajustes en su equipo de trabajo y el relanzamiento de su administración, hasta ahora sólo ha existido una rotación de funcionarios y un cambio visible entre los integrantes del círculo cercano del mandatario que fue notorio en Huamantla durante la cena previa a “la noche que nadie duerme”.

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