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Opinión



Ricardo Anaya el Transformador que Mexico Necesita

Jueves, Febrero 8, 2018 - 12:29
 
 
   

La transformación que México necesita no puede pensarse ni hacerse con los mismos modelos y personajes, como tampoco con acciones de políticos mesiánicos; aspirar a un cambio con la misma política, anquilosada y corrupta, es someter a la sociedad a una gran desgracia y empeñar el futuro del país a la miseria, pobreza y corrupción.

Por ello, en estos próximos comicios, la única opción que tenemos como país es la propuesta y proyecto que abandera nuestro líder Ricardo Anaya, quien lejos de pensar en apuestas y proyectos personajes, ha puesto en el centro de su plataforma a la sociedad.

Por ello, pese a las visiones maniqueas y desesperadas del partido en el gobierno y de quien por tercera ocasión busca empecinado el poder por el poder mismo, Ricardo Anaya logró unir en un proyecto a posiciones distintas de pensamiento y acción, pero convencidos de alcanzar la transformación de nuestra nación, han decidido sumarse en un mismo objetivo: la transformación de México.

La propuesta de nuestro precandidato y futuro presidente de México es lograr la conformación y consolidación de un nuevo régimen sustentado en un verdadero Estado de Derecho, con una división de poderes efectiva, que impulse un nuevo federalismo, en el que ni las instituciones ni el presupuesto del Estado vuelvan a ser usados con fines facciosos.

El proyecto para transformar a México es el de una nueva relación entre los estados y la Federación en la que se logre una verdadera corresponsabilidad social con participación ciudadana, para lograr proyectos y acciones de beneficio social.

Con Ricardo Anaya está claro que se logrará un nuevo sistema político con mecanismos que incentiven el buen desempeño, sancione la falta de resultados y garantice la gobernabilidad y gobernanza democrática en nuestro país, desechando la cultura priista, con sus prácticas y estructuras del verticalismo y la coacción.

Con Ricardo Anaya se tiene un proyecto para la transformación de México a partir de un sistema económico incluyente, desde el cual se combatirá la desigualdad, pues buscará la equidad de oportunidades y la distribución de los beneficios del crecimiento. Está claro que con él, nunca más habrá el uso clientelar y electorero del hambre y la pobreza que padecen millones de mexicanos.

El precandidato de la coalición Por México al Frente busca la transformación de México pero a fondo, no solo de adecuaciones cosméticas, como las que nos han endilgado los gobierno priistas, que han soterrado a nuestra nación en la pobreza extrema y en la corrupción y la violencia. 

La incapacidad del Estado para responder a su pueblo se superará con Ricardo Anaya a partir de acciones y medidas concretas, las cuales estarán en manos del pueblo, ya que bajo el principio del bien común, la ciudadanía debe mandar y nadie puede estar encima de la ley. Ese será el ADN de su gobierno.

Ricardo Anaya tiene claro el rumbo y las acciones que deberá emprender, porque tiene la firme convicción de que ni la corrupción es cultural, ni la desigualdad es natural, ni la violencia es inevitable, para esos tres flagelos tiene las acciones y la mano dura para actuar sin simulaciones ni complicidades.

Eso ha puesto a temblar a los adversarios, que en una evidente acción facciosa ha utilizado una y otras vez las instituciones del Estado para tratar de desprestigiar y enlodar la imagen de nuestro precandidato. Pero no han logrado nada, la desesperación hace presa a nuestros adversarios de las acciones oficialistas y por el contrario, cada mentira y vileza, lo fortalece.

Es momento de cerrar filas, es momento de definiciones y la sociedad no puede estar inmóvil ante la serie de acontecimientos que vive y podría vivir el país; es tiempo de reflexión y acción a favor de la transformación de México, la cual solo se puede lograr de la mano de nuestro precandidato.


Al interior del Partido Acción Nacional parece que las aguas regresaron a su cauce natural y la senadora Adriana Dávila Fernández demostró que sigue siendo el factor de poder que premia o castiga, de ahí que los chichos rebeldes que aparecieron en los últimos meses comprobaron que están lejos de poder mandar a la banca al adrianismo.

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