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Opinión



La elección mexicana, contienda a dos vueltas que se resolverá de facto entre dos contrincantes

Domingo, Febrero 4, 2018 - 17:53
 
 
   

Tiempos de Democracia

 

Todo apunta a que el PRI y su candidato Meade serán los convidados de piedra al duelo AMLO vs. Anaya

De hecho, las precampañas equivalen a una primera vuelta, tras la cual sobrevivirán sólo dos candidatos    

El elector eliminará al aspirante que esté rezagado al iniciarse formalmente el 31 de marzo las campañas 

  La última encuesta publicada por El Universal da cuenta del nulo progreso que hasta ahora registra la cantidad de ciudadanos que se dicen dispuestos a votar por José Antonio Meade, el precandidato no priísta del PRI. El estudio demoscópico a que hago referencia se levantó en vivienda entre el 19 y el 25 de enero pasados por Buendía & Laredo y, como es natural, generó desazón en los círculos afines al peñanietismo. Preste usted por favor, estimado lector, atención a los datos siguientes.

Ni pa’tras ni pa’lante…

   En diciembre pasado, a Meade sólo lo conocía el 28% del electorado. Sin embargo, al finalizar enero esa cifra había crecido hasta llegar al 67%, alza espectacular lograda en tan sólo treinta días. Lo que sorprende es que ese incremento no se correspondiera con un ascenso proporcional de los votantes que se dicen dispuestos a sufragar por el ex secretario de Hacienda. Ese número, el de sus simpatizantes, permaneció curiosa y significativamente estático en el mismo 16% de un mes atrás.  

¿Quién se la juega por Meade?

   Meade dejó de ser un desconocido, es verdad; empero, su presentación mediática no supuso más adherentes a su causa. Cierto, de los tres candidatos es todavía el que tiene mayor margen posible de crecimiento, pues a Ricardo Anaya lo identifica el 85% de las personas y a López Obrador el 97%. No obstante, de mantenerse la inercia del periodo en comento, no será por la vía de elevar el nivel de conocimiento de Meade como el PRI conseguirá mejorar su posicionamiento. Y eso es lo alarmante.

Candidato de hielo

  El pormenorizado estudio demoscópico de Buendía & Laredo colocó en primer lugar a López Obrador con un 32% de preferencias que parece ser su techo; en segundo a Anaya, con un 26% claramente al alza, y a Meade en tercero, desde un lejano y aparentemente congelado 16%. Poco son las semanas que le quedan al tricolor para revertir tamaña desventaja, estando ya muy cercana la finalización de las precampañas y el inicio de ese lapso intermedio en el que la labor promocional de partidos y candidatos tendrá por ley que suspenderse.

Datos que abruman

  Al carear por parejas a los candidatos, los números son aun más reveladores. Andrés Manuel derrotaría a Meade 55% contra 26%, y Anaya haría lo propio al superar al abanderado del PRI… ¡54% contra 21%! Por ser Anaya el adversario al que Meade tendría que superar en esta primera fase de la contienda, el dato constituye un indicio serio de que las cosas pintan mal para el tricolor, y de que Peña Nieto probablemente se equivocó al elegir a un ciudadano sin identidad priísta.       

Con la brújula extraviada

  Con una estrategia amorfa, cambiante, sin vibración ni contenidos de interés, y con un abanderado tan impersonal como Meade, carente de la fibra y la enjundia que se requiere para entusiasmar audiencias que oyen -mas que escuchan- sus tecnocráticas arengas, el priísmo perdió un tiempo precioso para competir por ese segundo lugar destinado a captar el voto anti-lopezobradorista. Por lo que apunta la dicha encuesta, ese sitio ya tiene dueño: es de Ricardo Anaya, de la coalición Por México al frente.

Alternativa indeseable

 De consolidarse esa percepción, el PRI-gobierno no podrá recobrar el espacio cedido en los escasos días que restan a las precampañas. No lo conseguirá ni siquiera acudiendo a sus conocidas prácticas coercitivas del voto. No ignoro, amigo lector, que se van a venir en cascada encuestas que desdecirán la de Buendía & Laredo, que arreciará hasta extremos nunca vistos la propaganda oficialista, y que arremeterán una y otra vez contra Anaya con tal de desbancarlo. Y todo eso, si no surgen voces que inviten al oficialismo a intentar soluciones de fuerza.

Segunda vuelta

  Si antes del 31 de marzo -fecha fijada para el inicio formal de las campañas- subsiste la generalizada impresión de que la lucha por la primera magistratura se redujo a sólo dos contendientes -López Obrador y Anaya-, entonces, amigo lector, Meade habrá perdido la batalla. En ese contexto, una mayoría de electores orientará su voluntad a favor de alguno de los dos candidatos con opción real de victoria, en perjuicio de aquel tercero que, por una razón u otra, quedó rezagado. Es el fenómeno del voto útil, factor desequilibrante en este tipo de elecciones.

El legado peñanietista

  Mas de ocurrir el fracaso priísta que parece anunciarse, la culpa no sería tan sólo atribuible al carácter adaptativo, maleable y mercurial de Meade. Cualquier otro que hubiese sido el candidato habría tenido que cargar con el pesado lastre de una administración peñanietista inevitablemente asociada a la corrupción, la impunidad, la pobreza, la inseguridad, la desigualdad y las complicidades. ¿Cómo podría, Meade o cualquier otro, marcar distancia respecto de una gestión tan desacreditada? ¿Alguien cree que se atrevería criticar a Peña Nieto?

Razones de la repulsa

  ¿Quien no ha sido extorsionado por un burócrata desaprensivo, o no ha sido víctima de robo o de abuso policíaco? ¿cómo olvidar a Trump pontificando en Los Pinos ante un Peña Nieto apocado y sumiso? ¿quien no recuerda la Casa Blanca de la Primera Dama, o los 43 estudiantes de Ayotzinapa, o la fuga de El Chapo, o las raterías de los Duarte -Javier y César-, y de  Borge y de tantos más, o el financiamiento ilegal del PRI documentado por Javier Corral, el gobernador de Chihuahua? La lista de motivos que explican la indignación popular es inacabable.     

Con la brújula extraviada

  Tantos contrariedades impiden al ciudadano común hacer una valoración equilibrada y justa de los logros que -necio sería negarlos- si tuvo la hoja de servicios de Peña Nieto en la primera parte de su gobierno. La realidad, sin embargo, es que son muy pocos los mexicanos satisfechos con la forma como ha sido dirigido México los últimos seis años; es tanta la decepción que incluso ya se perdió el miedo al cambio, ese fantasma que tanto asustó al electorado en el reciente pasado. La mejor prueba es el fracaso de tácticas que acusan a Anaya de poseer fortunas mal habidas, o a Andrés Manuel de estar financiado por Maduro o los rusos; la gente -hay que decirlo- ya las toma a chufla.

 


Al interior del Partido Acción Nacional parece que las aguas regresaron a su cauce natural y la senadora Adriana Dávila Fernández demostró que sigue siendo el factor de poder que premia o castiga, de ahí que los chichos rebeldes que aparecieron en los últimos meses comprobaron que están lejos de poder mandar a la banca al adrianismo.

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