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Opinión



La del 2018 será, por lo que en ella se juega y por su magnitud inédita, ¡la madre de todas las elecciones!

Domingo, Agosto 6, 2017 - 21:03
 
 
   

No es sólo retórica; los comicios del próximo año pondrán a prueba la vocación democrática de México

Tiempos de Democracia

 

Aunque cambiara radicalmente el mapa político del país, lo importante es que no se altere la paz social

Recelos sin fundamento en torno a la legítima aspiración de ciudadanos interesados en ser parte del SNA 

   A pocas semanas de que formalmente se inicie el proceso electoral que habrá de culminar el primer domingo de junio del 2018 con el encuentro que frente a las urnas tendremos los mexicanos, es notorio ya el nerviosismo de los miembros de eso que hemos dado en llamar clase política. Ante la cercanía del evento, por doquier se prefiguran preacuerdos tempraneros cuya perdurabilidad suele no ir más allá de la taza de café que apuran sus concertadores. Citarse para platicar en este o aquel restaurant tiene como objeto medir fuerzas, escudriñar posturas, ostentar imaginarios capitales políticos, enterarse de los decires de los días anteriores y prestar atención a las voces de los avezados en cuestiones político electorales. El caso es hacerse presente, dar motivos para que la gente se fije en ellos y, más que de nadie, de quien tiene poder para incidir en las decisiones que están por venir.

Cifras impresionantes

  Para tener una idea de la magnitud que tendrán los comicios de referencia acudo a los números. Seremos más de 85 millones los ciudadanos con derecho al sufragio los que -si así lo decidimos- podremos elegir mediante voto directo al titular del Poder Ejecutivo Federal. Con ese propósito, el Instituto Nacional de Elecciones instalará alrededor de 150 mil casillas a lo largo y ancho de nuestro territorio. El mexicano que venza en esa contienda de inéditas dimensiones ocupará la Presidencia de la República por un periodo de seis años, que iniciará el 1º de diciembre de 2018 y concluirá el 30 de noviembre de 2024.

Las gubernaturas

  También por voto directo se dirimirán las gubernaturas de nueve estados, que podrían ser diez, si a la lista se agrega la de Coahuila en el caso de que su anterior elección sea anulada por el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación. Esas entidades son: Chiapas, en la actualidad gobernada por el Verde Ecologista; Guanajuato, por el PAN-Panal; Jalisco, por el PRI, Morelos, por el PRD-PT-MC; Puebla, por el PAN-PT-Panal; Tabasco, por el PRD-PT-MC; Veracruz, por el PAN-PRD; Yucatán, por el PRI-Verde y la Ciudad de México, por el PRD-PT-MC. Cerca de 36 millones de electores sufragaran en esas nueve elecciones.

La Cámara de Diputados

  Para efectos de la futura gobernabilidad del país y considerando la pluralidad partidista que vive México, la renovación íntegra de las dos cámaras del Poder Legislativo reviste políticamente la mayor importancia. Vea usted, amigo lector: en trescientos distritos electorales, los ciudadanos en ellos inscritos elegirán por voto directo a otros tantos diputados uninominales y, de forma indirecta, lo harán por doscientos plurinominales, repartidos en las cinco circunscripciones en que se divide la cartografía electoral nacional. Esos 500 representantes populares estarán tres años en San Lázaro si bien, de acuerdo a una reciente reforma, podrán ser reelectos por un periodo adicional consecutivo. Así es como se integraría la mal llamada cámara baja, salvo que, antes que fenezcan el plazo límite para modificar normas vinculadas al proceso comicial, se apruebe la iniciativa priísta para reducir de 200 a 100 el número de plurinominales. De concretarse la propuesta tricolor, el contingente de la LXIV Legislatura del Congreso de la Unión disminuiría a 400 diputados que iniciarán sus funciones el 1º de septiembre de 2018.

 La Cámara de Senadores

 El Senado de la República tiene en la actualidad 128 escaños que ocupan 64 senadores, dos elegidos como integrantes de la fórmula que obtuvo la primera mayoría; uno adicional del ocupante del primer sitio en la propuesta partidista que alcanzó la segunda mayoría y, otro más por cada entidad federativa, los llamados senadores de representación proporcional. Como en San Lázaro, si prosperara el proyecto presentado por el PRI en enero de este año, también se reduciría el Senado, pues la idea es prescindir de sus 28 miembros plurinominales, es decir, de los elegidos por la vía del sufragio indirecto. En la actual Cámara Alta, el PRI cuenta con 55 espacios; el PAN, con 38; el PT, con 15; al PRD le quedaron sólo 8 tras la deserción de los morenistas; el Verde tiene 8, y está sin grupo parlamentario los 5 restantes. Como queda dicho, las proporciones partidistas en las que se integre el Senado de la República -ya sea con los actuales 128 o con sólo los 96 si se aprobara el recorte- determinarán en buena medida y por los seis años siguientes, la estabilidad política de la nación y hasta los términos en los que se podría negociar un posible gobierno de coalición.

Las legislaturas locales y las alcaldías

  Se elegirán diputados locales y presidencias municipales en los siguientes 17 estados de la República: Baja California Sur, Campeche, Chiapas, Chihuahua, Colima, Ciudad de México, Estado de México, Guanajuato, Guerrero, Jalisco, Michoacán, Morelos, Nuevo León, Oaxaca, Puebla, Querétaro y San Luis Potosí; nada más legisladores, en seis estados: Aguascalientes, Durango, Hidalgo, Sinaloa, Sonora y Tlaxcala; y sólo ayuntamientos, en uno: Quintana Roo. Como se ve, el mapa electoral de gran parte de México va a ser intervenido por una ciudadanía inconforme con la forma en que ha sido gobernada. De su soberana decisión va a depender la nueva configuración política del país, un país en el que habrá de todo: partidos que ahora tienen mayoría y que dejarán de tenerla; otros que crecerán y tendrán ante sí el compromiso de cumplirle a quienes creyeron en ellos y los apoyaron con su voto; y algunos más que afrontarán el riesgo de perder el registro si no alcanzan los mínimos de votación requeridos. Cabe incluso esperar la aparición de caras y ofertas nuevas que ofrezcan una salida diferente, razonada y viable a los problemas que agobian a México.

Ecuación de una sola incógnita

  En la antigua política a la mexicana las equivocaciones se pagaban. Escoger el candidato equivocado y públicamente ofrecerle respaldo tenía consecuencias… aunque eran habitualmente pasajeras. La más cruel y dura era la de quedar al margen de los beneficios que representaba la cercanía del poder… y del presupuesto. Hasta fines del siglo pasado, la adivinación tuvo menos variables que en la época presente: bastaba con atinarle al nombre del tapado para disfrutar de seis apacibles años, sin sobresaltos, y disfrutando de algún cargo de aceptable rentabilidad, de alguna atractiva prebenda o de una aviaduría cómoda. En aquellos tiempos si el apostador erraba el pronóstico y jugaba a favor del derrotado, no le quedaba más que armarse de paciencia en espera de que la rueda sexenal de la fortuna diera un nuevo giro.

Ecuación de quinto grado

  Aquella rutina se repitió una y otra vez, desde el muy lejano periodo en que gobernó la nación Lázaro Cárdenas hasta el relativamente cercano en que le tocó hacerlo a Ernesto Zedillo, cuando en el año 2000 se interrumpió al fin la larguísima hegemonía priísta. La apertura democrática trajo consigo el pluripartidismo, y con él, la multiplicación de alternativas y la configuración de un escenario inédito para los mexicanos que por primera vez estuvimos ante la posibilidad verdadera de poder elegir. Empero, la ansiada diversidad política no sólo complicó alternativas , enfrentaban la posibilidad real de elegirid elelctoral ibre de sobresaltos y hasta tal vez distinguido con alg lopolítica política la gobernabilidad; también enredó sobremanera la labor de los brujos que, antes de acertar al nombre de quien podrá ser el nuevo inquilino de Los Pinos, deben adivinar el de los candidatos -¿tres, cuatro?- que participarán en la lid electoral con oportunidad de llegar a la victoria. Y si el acertijo se extiende como ahora a un número sin precedente de puestos de elección estamos hablando de un crucigrama que será divertido intentar resolver. La próxima semana me aproximaré con usted, amigo lector, a ese proyecto -frente unido ciudadano le llaman- que, por más que lo maquillen sus progenitores intelectuales está concebido desde la perspectiva y conveniencia de los partidos intervinientes, y no de una ciudadanía cuyos intereses les quedan muy pero muy distantes. Si se le despoja de esa máscara hipócrita, la idea de la construcción de un frente con propósitos electorales en principio es atendible… y hasta puede ser viable. Lo comentaremos.

ANTENA ESTATAL

Reservas infundadas

   De no haber empleado en su texto el calificativo de “…buitres que han profesionalizado la ciudadanía…”, créame, estimado lector, que hubiera preferido ignorar la peregrina propuesta del periodista Raúl Jiménez Guillén para que los “…consejos y comités…” del Sistema Estatal Anticorrupción se integren… ¡por sorteo! Dejando de lado que la injuria de referencia debió acompañarse del nombre de las personas que al comunicador le parece que merecen ser equiparadas con esas aves carroñeras, dejando de lado, repito, esa omisión, no veo por parte alguna la lógica -si alguna tiene- de creer que el sorteo, -o la tómbola, o a la rifa, que para el caso es lo mismo- es el mecanismo adecuado para elegir a los ciudadanos que ocuparán esos cargos. Y para que el autor de tan insólita propuesta no abrigue suspicacia respecto de mi persona, le hago saber que mi nombre no va a aparecer en la lista de ciudadanos elegibles. ¿Estamos?

 

Para la Primera Plana

 

Para entender la magnitud de los comicios del 2018 acudo a los números. Seremos más de 85 millones los ciudadanos con derecho a votar. Elegiremos al titular del Poder Ejecutivo Federal y renovaremos la Cámara de Diputados y la de Senadores. En nueve estados se votará para elegir a sus gobernadores; en dieciocho, para alcaldes y se renovarán los congresos locales en veintitrés entidades federativas, entre ellas Tlaxcala. Y para recoger el sufragio ciudadano habrá un millón de ciudadanos al frente de 150 mil casillas que a lo largo y ancho de México instalará el Instituto Nacional de Elecciones. Lo dicho: esa será la mayor elección de la historia.


Salvo que sucediera algo inesperado que frene las negociaciones, lo más seguro es que el Frente Ciudadano por México integrado por el PAN, PRD y Movimiento Ciudadano avance y se conozca la repartición final de las candidaturas en Tlaxcala, lo que sin duda provocará las divisiones y confrontaciones internas en esos partidos políticos.

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