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Opinión



México no es Venezuela, pero como se le parece

Lunes, Julio 10, 2017 - 13:37
 
 
   

México no es Venezuela, eso está claro, por eso no queremos que haya desatinos electorales que vayan a querer convertir a nuestra nación en un país, como aquél, que enfrente graves crisis, prácticamente en todos los sectores y apartados de la vida de sus habitantes.

 

Aunque ya hay indicios de ello. El actual gobierno mantiene a su población, además de espiada, secuestrada, torturada, masacrado y desaparecida, porque las políticas públicas de la actual administración no piensa en nosotros, sino en el beneficio del presidente Enrique Peña Nieto y del grupo al que pertenece.

Los derechos humanos en México son violados de manera sistemática y no hay una respuesta institucional.

Luchadores y defensores de los derechos humanos son masacrados por el Estado y lo afirmo, porque además de que se carecen de políticas institucionales para proteger e incentivar las participaciones de éstos, el Estado ha sido incapaz de atender sus demandas y muchos menos garantizar su seguridad.

Aquí como allá, suman cientos de periodistas asesinados sin que los responsables de ello estén en la cárcel. Cuando dicen que fue el Estado quien ha acabado con las vidas de los informadores, creo que es verdad; por acción o por omisión, el gobierno es responsable de ello y de no dar respuesta de seguridad.

México no es Venezuela, pero vivimos ya condiciones muy similares a las que enfrentan los hermanos de aquella nación. Un incremento sostenido de nuestra inflación y como ellos, a pesar de la riqueza de nuestro petróleo, la gente ha perdido el poder adquisitivo para comprar lo indispensable, entre ellos, gasolina. La inflación en su economía es tal, como en México, que la brecha entre los pobres y los ricos cada vez es mayor y los primeros suman millones, mientras los primeros una decena.

Pero el peligro puede ser mayor.

Aquí como allá, el modelo populista y mesiánico que instauró en Venezuela Hugo Chávez, y con la torpe conducción del sucesor, Nicolás Maduro, se convierte en un verdadero riesgo y de graves consecuencias para la nación en caso de que el eterno candidato presidencial de un sector de la izquierda logre engañar al electorado.

Sin rumbo y con propuestas, proyectos y planteamientos incumplibles, ha trazado su ruta en la búsqueda de ganar el poder por el poder mismo, sin alcanzar a visualizar que entre sus deseos se llevaría de frente las esperanzas de millones de mexicanos.

Con esa cerrazón con la que se ha manejado, que una y otras vez ha mandado “al diablo las instituciones”, el mesiánico de cada elección presidencial, no dudaría ni un minuto en la posibilidad de fracturar la democracia para instaurar el mando único del presidente, disolver los poderes y establecer por ley la represión a la oposición.

México no es Venezuela, pero enfrentamos graves y similares condiciones que debemos detener.

No hacer caso a ello podría ser grave para México y para las futuras generaciones; no permitamos ni la continuidad de un régimen autoritario y servil a sus intereses, ni otro mesiánico que nos pondrán en la antesala de vivir en condiciones graves para el país y la población.  


Las negociaciones para sumar al PAC, partido que controlan los hermanos Ortiz, al Frente Ciudadano por México seguirán pese a los desencuentros que se han registrado en los últimos días, porque los análisis de prospectiva electoral revelan que de concretarse dicha coalición, ésta será competitiva.

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