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Miércoles, 18 de Octubre de 2017     |     Tlaxcala.
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Opinión



Marco Mena, obligado a patentizar la idea de que su única deuda es con los tlaxcaltecas que le dieron el voto

Domingo, Mayo 7, 2017 - 19:05
 
 
   

No abona al buen gobierno la sensación generalizada de que la transición del poder no se ha consumado

La presunción de que en Tlaxcala se busca instaurar una suerte de maximato inquieta a la opinión pública

Es hora ya de dar un golpe sobre la mesa para dejar claro quien empuña el bastón de mando en la entidad

   Dos tesis encontradas circulan en los mentideros locales: la primera probablemente sea demasiado imaginativa si bien -de tener alguna base de verdad- sería ciertamente preocupante. Se refiere a que estamos asistiendo a la instauración paulatina de un maximato que, de consolidarse, se prolongaría en las personas de los hijos del ex gobernador Mariano González, el pretendido jefe político del estado. La segunda es menos original pero más verosímil: consiste en que, de acuerdo a un cronograma bien calculado que evite una ruptura abrupta con el reciente pasado, Marco Mena irá desmontando de manera gradual la estructura de poder heredada de su antecesor. El propósito sería disipar sin sobresaltos la influencia de González durante una etapa de transición que debe culminar -hacia finales del presente año- con su asunción plena del poder político del estado. 

Visión equivocada

  Que en la actualidad la gente percibe una dualidad en el ejercicio del poder es evidente. Alimenta esa sensación la generalizada convicción de que Marco Mena le debe a Mariano González, no sólo la candidatura sino también su triunfo en las urnas. La primera cuestión es opinable, pero la segunda es totalmente falsa. Es factible, sí, que Peña Nieto permitiera que la opinión del gobernador saliente prevaleciera en la selección del abanderado priísta. Empero, mal analista político es aquel que no haya advertido que el voto antimarianista -volcado a favor de Lorena Cuéllar- fue el que puso en peligro la victoria tricolor. Tal realidad la anticiparon los propios estrategas de la campaña priísta al mantener al candidato alejado de la figura del mandatario en funciones. No hay duda: fue la inteligente campaña de Mena y su excelente desempeño en los debates los factores que rescataron de la debacle al PRI y, de paso, pusieron a salvo a González del escrutinio a que su gestión se habría visto sometida de haber sido otro el resultado de la elección.

Puente de plata

  No hallo pues motivos que expliquen la presunción de que Mena tiene contraída una deuda con el ex gobernador que lo obliga a la subordinación. Antes al contrario, los hechos indican que el agradecido tendría que ser González y que, si en este cupiera la prudencia, debería aprovechar el puente de plata que -si desiste de su aspiración caudillista- a buen seguro le tendería su caballeroso sucesor. Debiera asimismo considerar que el PRI tiene por delante una elección en el 2018 de impredecible resultado que eventualmente podría llevar a Los Pinos al abanderado de otro partido, lo que complicaría su futuro y el de los miembros de su dinastía. No obstante, es poco probable que González -conocido por su arrebatado proceder- opte por dejar la plaza y buscar un refugio lejano y tranquilo donde disfrutar de un discreto retiro.   

Sueños hegemonizadores

  Es dudoso que el buen juicio asista a Mariano González y lo lleve a tomar la decisión de dejar gobernar a Marco Mena sin incómodas intromisiones. Así las cosas, habría que tomar en serio la posibilidad de que se esté tramando la instauración de un maximato en Tlaxcala. Tal inquietante elucubración me llevó a evocar un pasaje de la política nacional que -guardadas las proporciones- contiene un claro y aleccionador paralelismo con los acontecimientos actuales. Cabe subrayar que, a raíz de los sucesos que en seguida sucintamente comento quedó establecido el principal y más sólido fundamento del sistema presidencialista y, de paso, sentadas las bases que explican su longevidad y el larguísimo periodo de paz -casi 90 años- que los mexicanos hemos podido disfrutar.

Enseñanzas de la Historia -1-

 Corría el año de 1936 y aún olía a pólvora el territorio nacional. En 1928 caía asesinado el recién re-elegido presidente Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles, a la sazón primer mandatario de la Nación, sentenciaba en su último informe de gobierno:

“…México debe pasar de la condición de país de un hombre a la de nación de instituciones y leyes…”.

 Y actuó en consecuencia, creando el Partido Nacional Revolucionario -PNR por sus siglas- como paso necesario para reunir en una formación de alcance nacional a todos los liderazgos regionales que, asumiéndose revolucionarios, proliferaban a lo largo y ancho del país.

Enseñanzas de la Historia -2-

Se trató, sin duda, de una genialidad del estadista sonorense. Su única equivocación, empero, radicó en alargar en demasía su papel de factótum en el proceso de ordenamiento y pacificación del que era indiscutible autor. En tanto dueño absoluto del PNR, Calles fue el poder real tras la silla del águila durante los periodos de tres sucesivos presidentes: el de Emilio Portes Gil (1928-1930), interino a la muerte de Obregón; el de Pascual Ortiz Rubio (1930-1932), constitucionalmente electo al cargo al que renunció dos años después, y el de Abelardo Rodríguez (1932-1934), interino a causa de la defección del Nopalito, como despectivamente se conocía a aquel efímero mandatario. Empero, al tratar de pasar por encima de un presidente con el carácter y la entereza de Cárdenas, la hegemonía de Calles tocaría a su fin de mala manera.

Enseñanzas de la Historia -3-

  Antes de poner en el avión que llevó fuera de México a don Plutarco, Cárdenas escribió en sus apuntes la siguiente ley no escrita del sistema político mexicano:

”…los que pasan por la primera magistratura del país no deben aspirar a representar mayor autoridad política que el que tiene constitucionalmente la responsabilidad presidencial…”.

  Esa regla de oro es, junto con el principio hasta ahora siempre observado de la no reelección, nos trajeron una paz duradera y provechosa. El exilio de Calles ocurrió dos años después de la toma de posesión de don Lázaro, lapso durante el cual ignoró los comedidos mensajes que repetidamente le envió un titular del Ejecutivo Federal decidido a sentar un precedente de legalidad que, en adelante, ya nadie se atrevería a transgredir. La soberbia del que por años había sido el Jefe Máximo le impidió entender que el apoyo de los obreros y de los campesinos estaba con el divisionario michoacano. Arrancaba ahí un régimen basado en conferir al mandatario de turno el control total de los poderes a cambio de entregarlos sin taxativas ni condiciones a su sucesor al término preciso de su periodo. Desde entonces se hizo norma que los ex presidentes se retiraran de la política activa.

Ya es tiempo de iniciar la marcha

 Hasta aquí las referencias históricas. Está más que claro que, de ser cierto que existe esa confrontación soterrada entre Mariano González y Marco Mena, esta se tiene por fuerza que resolver a favor del gobernador constitucional del estado. No puede ni debe ser de otra manera. Mas la impresión popular sigue ahí… y de ella habla insistentemente la gente. Y si rueda la especie de boca en boca es porqué hay elementos que le dan vida e impulso. Uno de ellos es la parsimonia con la que parece estarse actuando en los distintos estamentos del gobierno. ¿Es acaso por la incertidumbre de sus titulares de permanecer en sus encargos tras la valoración de la que van a ser objeto? ¿o es porqué aún no disponen de recursos ni de lineamientos para realizar su trabajo? El punto es que, si se están haciendo cosas, se están comunicando mal. El vacío, ya se sabe, se llena con chismes y rumores que dan fuerza a esa sensación de inmovilismo de la que se habla. Por otra parte, la inseguridad crece y preocupa; no es culpa de este gobierno, pero sí es su responsabilidad dar cuenta de su dimensión y de los planes que tiene para contenerla. Y por último, se echa en falta -por lo menos en el discurso- alguna referencia a la lucha versus la corrupción que tanto preocupa e indigna a la sociedad.    

Decisión ante los desafíos

   Soy un convencido de que Marco Mena está excepcionalmente bien preparado para enfrentar las dificultades que entraña gobernar un estado con tantas limitaciones como las que tiene Tlaxcala, una entidad que no es dueña de grandes riquezas naturales, que registra índices de muy baja productividad en prácticamente todos los rubros, que su economía preponderantemente se desarrolla en la informalidad, y que sus trabajadores padecen salarios sumamente precarios. Pero él, Mena, ya conocía el tamaño del reto y lo aceptó porque posee el instrumental teórico necesario para enfrentarlo con solvencia. Con lo que quizá no contaba es con las innumerables incidencias de naturaleza política que surgen en el día a día, tanto las que devienen de manera natural de la convivencia comunitaria como esas otras que son provocadas por profesionales del conflicto. Para anticiparse a ellas, y para darles solución antes de que se conviertan en problemas sistémicos sí se echa en falta en su equipo de trabajo a colaboradores con madurez y experiencia en esas lides. Quizá los tiene, pero su quehacer hasta ahora no se ha notado. La cuestión es que los pasivos se acumulan… y juntos pueden provocar una crisis mayor.

Conclusión

  Marco Mena debe dar pronto un golpe sobre la mesa para dejar ver que, como gobernador, su único compromiso es con el pueblo. En la política real es a veces necesario salirse del guión pre-establecido para hacer patente a tirios y troyanos quien tiene el bastón de mando. Un gesto así no supone un cambio de estilo; es sólo un aviso de que, cuando hace falta, la autoridad se ejerce sin titubeos.

 

Para la Primera Plana:

 

Que en la actualidad la gente percibe una dualidad en el ejercicio del poder es evidente. Alimenta esa sensación la generalizada convicción de que Marco Mena le debe a Mariano González, no sólo la candidatura sino también su triunfo en las urnas. La primera cuestión es opinable, pero la segunda es totalmente falsa. No hay duda: fue la inteligente campaña de Mena y su excelente desempeño en los debates los factores que rescataron de la debacle al PRI y, de paso, pusieron a salvo a González del escrutinio a que su gestión se habría visto sometida de haber sido otro el resultado de la elección.

    


Han pasado casi diez meses y la estrategia para contrarrestar a los delincuentes no se observa por ningún lado, porque más de la mitad de los tlaxcaltecas se siente inseguro y percibe que la inseguridad pública es un problema que lejos de disminuir va en aumento cada día sin que vea una respuesta contundente de las autoridades.

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