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Opinión



El parlamentarismo como forma de Estado

Domingo, Abril 9, 2017 - 20:11
 
 
   

El Poder Legislativo es un contrapeso a las decisiones del Ejecutivo, a fin de evitar que este tome decisiones autoritarias que puedan afectar a la población. Así resulta observable que el parlamentarismo como forma de Estado se encuentra estrechamente relacionado con las funciones que se le atribuyen a un órgano esencial de cualquier Estado, en éste caso, el Parlamento o en nuestro caso Congreso de la Unión.

Ante este panorama, el problema central radica en el debate que se puede suscitar en un régimen presidencial en donde, más que intentar cumplir a cabalidad con la teoría de la división de poderes, debe haber colaboración de los tres poderes en la realización de las distintas funciones del Estado. Además de que las Cámaras de los Representantes tienen que estar en constante comunicación con la población, a fin de hacer sinergias que impliquen una participación ciudadana.

Esta coordinación de funciones es tan necesaria que en definitiva es una condición no sólo de la estabilidad gubernamental sino también de su eficacia y eficiencia. Por tanto, las funciones del Congreso deben ser evaluadas con transparencia y objetividad, ya que al ser servidores públicos también el trabajo debe tener un seguimiento social.

Por otro lado, en el Congreso de la Unión se expresan las corrientes políticas e ideológicas que conforman nuestro sistema político, y es precisamente a todas esas corrientes a quienes les compete hacer un esfuerzo por fortalecer al Poder Legislativo, porque solo a tiranos como Adolfo Hitler en Alemania, Augusto Pinochet Ugarte en Chile, Benito Mussolini en Italia, Victoriano Huerta en México y ahora Nicolás Maduro en Venezuela son los que han callado a ese órgano de expresión popular.

Venezuela dejó hace mucho tiempo de ser una república democrática. La chequera petrolera, el lobby internacional y el poder mediático se mantuvieron comprando conciencias, votos en los organismos multilaterales e invisibilizando la cruenta Dictadura que agobia a los venezolanos. La complicidad y el control absoluto de la mayoría de los poderes públicos le ha dado al gobierno de turno las herramientas necesarias para violar sistemática y sostenidamente los derechos humanos de cientos de miles de venezolanos, siempre maquillando sus decisiones con apariencia de legalidad, pues sus decisiones, en los distintos ámbitos, aunque inconstitucionales, han sido dictadas por funcionarios públicos en ejercicio de sus competencias legales, tal y como ocurrió en la Alemania Nazi, por citar un reconocido ejemplo.     La Dictadura finalmente ha quedado al descubierto, el Secretario General de la Organización de Estados Americanos (OEA), el uruguayo Luis Leonardo Almagro Lemes, valientemente reafirmó la necesidad de aplicar la Carta Democrática Interamericana a Venezuela, solicitando además la suspensión de la OEA. La semana pasada, frente a la grave crisis que viven los venezolanos, más de 20 países del continente acordaron revisar los planteamientos del Secretario General.

La respuesta del gobierno venezolano, luego de descalificar a cada uno de los embajadores presentes en la sesión en la OEA, se produjo. La Sala Constitucional del Tribunal Supremo de “Justicia” dictó una decisión mediante la cual se extingue, desaparece, anula, se asesina al Poder Legislativo, ya que hace varios días todas las funciones parlamentarias que la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela otorga y reconoce al Poder Legislativo serían ejercidas por los “magistrados” que dictaron la decisión.

Con ello, en Venezuela ya no existiría el Poder Legislativo, hay un Golpe de Estado continuado y una Dictadura Judicial. La soberanía del pueblo y voluntad de 14 millones 662 mil 273 venezolanos ha sido asesinada.

Ese ejemplo no debe pulular. Al contrario, quienes actuamos en la vida política debemos acotar el ejercicio del poder presidencial y contrario a esa hegemonía, debemos impulsar el verdadero respecto a la autonomía de los poderes y desde luego, fortalecer la función parlamentaria de nuestros Congreso, tanto en el ámbito federal y local, en donde nunca más la voluntad del Ejecutivo, en ambos niveles de gobierno, se imponga a la voluntad popular representada en nuestro Legislativo.

Diferentes gobiernos de América Latina han repudiado la postura del ejecutivo venezolano por tratar de erradicar a su congreso. Sin embargo, millones de ciudadanos se han manifestado en Caracas y otras ciudades para reivindicar sus derechos de hombres libres. Es momento de defender una democracia que ha su vez, es un gobierno que puede generar calidad de vida. Ahora, con la cerrazón de Nicolás Maduro, también se habla de que el país está padeciendo una situación de emergencia humanitaria. Ejemplo de ello es la devaluación del bolívar, lo que ha afectado al comercio regional y reduce la calidad de vida, como el consiguiente desabasto de productos.

​Los diferentes países de América Latina deben tomar el ejemplo de Venezuela como parte de su responsabilidad para tener gobiernos democráticos y no caer en un populismo que ponga en riesgo el futuro de las nuevas generaciones. Esa falta de responsabilidad permitió a tiranos como Hitler o Maduro llegar al poder vía electoral y ser nocivos para su población. Los ciudadanos tienen la palabra y la responsabilidad de hacer una elección que salvaguarde su bienestar.  


Nadie se explica aún porque los cambios en algunas instituciones educativas se han prolongado, sobre todo cuando hay claras evidencias de que son manejadas de manera irregular por funcionarios que fueron designados por el ex gobernador Mariano González Zarur.

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