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Una conferencia esperada / Aquí Xicohténcatl

Martes, Noviembre 22, 2016 - 13:39

La conferencia de prensa del gobernador electo, Marco Antonio Mena Rodríguez este inicio de semana ha sido una de las más esperadas por la sociedad, por los que van a ser ex funcionarios y por quienes fueron aunque sea para calmar su conciencia tras las traiciones de campaña.

En el gremio periodístico, este relevo tiene un gran significado y renace la esperanza de que tal y como se hizo en este primer encuentro, el contacto con la prensa y la sociedad sea directo, sin intermediarios.

Ya en Tlaxcala el gremio periodístico se ha curtido ante los embates de funcionarios que vienen a aportar “toda su experiencia”, aunque sea pisoteando a los periodistas, bueno a algunos periodistas tlaxcaltecas.

Estos relevos gubernamentales sirven para renovar y reactivar lo que se encuentra estático y que en este caso se convierte en una barrera de comunicación entre el pueblo y el gobernante.

Aunque algunos no quieran, los medios de comunicación y ahora las redes sociales hacen ver en su justa dimensión a los otrora poderosos jefes de prensa, dueños de medios o casi, vía convenios multimillonarios.

Ahora con las redes sociales esta comprobado que como en el caso de Marco Mena, no requiere de que una gente que salga en todas las fotos a su lado o cuidándole las espaldas, es un gobernador electo cibernético

Simplemente en redes sociales, sin tanto aparato, el solito nos tuvo y nos tiene al tanto de lo que ocurre en las reuniones de entrega recepción o en la integración de su gabinete.

Su “equipo” de comunicadores hace su esfuerzo, pero nunca le van a ganar a las redes sociales, es un reflejo en el instante y en el momento en el que acontecen las situaciones y eso es una ventaja para el pueblo, pero una desventaja para otros.

Todo cambia y se transforma, por eso ayer las caras angustiadas de algunos y algunas que jugaron las contras, fueron aunque sea para que nadie les dijera nada o de a perdis a que les echaran una miradita para sentirse vivos.

Otros se armaron de valor y hasta preguntaron incoherencias, las respuestas fueron lacónicas, exactas ya que los tiempos que se viven son otros, ya nada es como antes, incluso entre las relaciones prensa-estado.

Y ahí estaban, como desde hace seis años una nube de agentes del gobierno que se dicen “periodistas”, han invadido todas las esferas sociales usurpando a reporteros, engrosando las ruedas de prensa y por supuesto departiendo en los desayunos.

Grabadora, cámara y libreta en mano, estos personajes encubiertos se presentan en ruedas de prensa, conflictos, marchas, plantones y se meten por todas partes, pero tratan de pasar desapercibidos.

Les gusta portar chalecos con la leyenda de “PRENSA”, además de ser ostentosos en el uso del teléfono celular, que es la forma en que envían su “información” y casi siempre “reportean” muy juntos, para que no se les cuele la información que no la nota.

Existen por todos lados, lo mismo que en el gobierno estatal, federal y sus dependencias, ni se diga en la seguridad y hasta en el sistema educativo, en su mayoría son aviadores.

Su trabajo consiste en estar pendiente a cualquier movimiento sobre todo cuando alguien de la política o de la sociedad, se inconforman por algo y convocan  a ruedas de prensa.

Lo raro es que en cada evento de esta naturaleza llegan entre veinte y treinta “periodistas”, pero los interesados al revisarlos portales en Internet o al otro día las notas, se dan cuenta del engaño, fueron victimas de espionaje oficial.

El cinismo de esta gente llega a tal grado de impunidad, que son quienes se sientan a desayunar, sin habérselo ganado, se agandallan el café, las galletas y hasta son invitados a las comidas.

El resultado es que tanto políticos, funcionarios, diputados, líderes y la sociedad en su conjunto le ha perdido la confianza a los medios de comunicación.

Por eso las consignas ofensivas como esa de “prensa vendida no somos uno, ni somos cien, prensa vendida cuéntanos bien”.

Por eso las agresiones, por eso el gremio debe de unificarse para sacudirse a estas lacras imitadoras, que no son siquiera capaces de elaborar una mala nota informativa, puro teléfono para orejear.

Algo nunca visto en Tlaxcala pasa en torno a la comunicación y no precisamente a los medios, sino a quienes diariamente se esfuerzan por conseguir la nota, las y los reporteros peligran.

El mal ejemplo cunde, pero ya son muchos los casos en que esa intolerancia se ha vuelto violencia, son otros los actores, pero el ejemplo de agresividad y violencia verbal ha pasado de las palabras a los hechos.

Ni en los peores momentos entre la relación de prensa-estado, desde tiempos de la intolerante Beatriz Paredes, pasando por el perredista Alfonso Sánchez Anaya o del panista Héctor Ortiz, se había agredido a los reporteros.

Pero todo tiene una explicación, en principio habría que analizar los tipos de medios de comunicación que sobreviven en Tlaxcala, los hay, en su mayoría, sometidos al imperio del poder.

Los simuladores que solo colocan uno o dos ejemplares en los puestos de periódico, para que los vean, son algunas de las lacras que medran con los recursos, en otros casos imprimen en computadora para justificar el ingreso.

Esta situación se ha repetido diariamente, por eso la sociedad tlaxcalteca se ha vuelto desconfiada y violenta y en parte hay razón para desconfiar, confían  y los traicionan.

Es urgente que el gobierno identifique a todos y cada uno de sus empleados, para saber con quienes tratan los tlaxcaltecas y de paso se evitaría suplantaciones.

Que los nuevos diputados emitan una ley que impida la usurpación de la profesión del periodismo y castigue con cárcel a los simuladores, además de sugerir a quienes organizan conferencias de prensa que se organicen.

Primero que elaboren una lista de medios de comunicación serios, que al ingreso a su evento coloquen filtros que exijan acreditaciones a las y los reporteros y que se impida de una vez por todas el ingreso de quienes no representan a medio alguno.

Que en caso de que presenten credenciales de algún medio de comunicación, constaten la existencia del medio y si no existe que remitan ante las autoridades al portador de esa identificación apócrifa.

Solo de esta manera se puede rescatar la escasa credibilidad que la sociedad tlaxcalteca tiene en sus medios de comunicación, porque ni son todos los que se dicen ser y en muchas ocasiones ni están los que deben ser.