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Opinión



La contienda por la presidencia de Estados Unidos, y sus efectos en México… y también en Tlaxcala

Domingo, Julio 31, 2016 - 19:47
 
 
   

Tiempos de Democracia

Con Trump -pero también con Hillary-, la economía nacional deberá replantearse desde sus cimientos

La revisión del sector automotriz del TLC pondrá en peligro a las factorías de autopartes tlaxcaltecas

Segundo paso de Manlio Fabio Beltrones con rumbo hacia su candidatura en el 2018…, con el PRI o sin él

  La elección presidencial en los Estados Unidos pareciera de pronto un suceso, si no ajeno por completo, si muy distante de los intereses e inquietudes de los tlaxcaltecas. Esa equivocada percepción impide anticiparnos a las consecuencias que muy posiblemente conllevará para nuestro país y para nuestra entidad la llegada de un nuevo inquilino a la Casa Blanca. Aunque en un principio resulte difícil de creer, los efectos de ese cambio los vamos a resentir en nuestra vida cotidiana. Lo expresado por el republicano Donald Trump y por la demócrata Hillary Clinton en sus precampañas -vehementemente subrayado por ambos en sus discursos de aceptación de sus respectivas candidaturas- permite entrever que las relaciones de México con el vecino del Norte experimentarán transformaciones de importancia, independientemente de que la contundencia y profundidad de las mismas dependerá de cuál de los dos contendientes alcance el triunfo en los comicios del próximo noviembre.

Tanto monta, monta tanto…

  Mas llegue quien llegue, puede adelantarse que vamos a confrontar situaciones inéditas que obligarán a México a reestudiar sus estrategias de desarrollo. Y más vale no caer en el error de creer que, si la señora Clinton gana, el actual status político y comercial que regula los acuerdos vigentes entre las dos naciones no sufrirá alteraciones. Definitivamente no será así. Téngase en cuenta que, hoy en día, entre el electorado norteamericano se ha extendido la idea de que los migrantes ilegales mexicanos son responsables de la delincuencia y la inseguridad que priva en sus ciudades, y que, además, los tratados comerciales -tanto el TLC como el TTP  Transpacífico que está por firmarse- provocan pobreza y desempleo en las clases medias y bajas de aquel país. Particularmente, hay sectores de la industria norteamericana que, en efecto, han sufrido una caída notable en su planta laboral; el fenómeno afecta a varias de sus ramas, pero de forma señalada a la automotriz, que fue por mucho tiempo insignia de la prosperidad de los Estados Unidos. Detroit, antiguo centro productor de los automotores norteamericanos que inundaban el mundo, hoy es una ciudad que literalmente está en quiebra.        

La industria automotriz

  Los grandes sindicatos obreros de los Estados Unidos han sido aliados históricos de los gobiernos demócratas, y son soporte fundamental de las campañas de sus candidatos. Al tanto de esa realidad y ante la perspectiva de una lucha electoral que de entrada luce reñida, Hillary Clinton, se comprometió con los líderes gremiales a revisar ese capítulo importantísimo del TLC. Donald Trump, por su parte, no deja de machacar en el tema, renegando una y otra vez de las armadoras estadounidenses que instalaron sus fábricas en México, dejando sin trabajo a decenas de miles de trabajadores a aquel lado de la frontera. Y más alto alza su voz ante la invasión de marcas asiáticas y europeas que producen sus vehículos en territorio mexicano, y los introducen en Estados Unidos al amparo de las facilidades arancelarias que el tratado otorga a los productos nacionales.

El despegue tlaxcalteca

  El amable tlaxcalteca que haya llegado hasta aquí en su lectura, probablemente se esté preguntando, bueno… ¿y a nosotros que? Pues a nosotros mucho, porque la anulación de esas facilidades arancelarias a que aludo y que han propiciado el crecimiento sostenido de las exportaciones de vehículos armados en México al extranjero -sobre todo a Estados Unidos-, sería un golpe demoledor a la industria automotriz nacional. Si este indeseable efecto se dejara sentir, sus consecuencias afectarían gravemente al incipiente despertar industrial de Tlaxcala que, como es sabido, tiene como su principal plataforma de despegue a las factorías de pequeño y mediano tamaño que proveen de autopartes y accesorios a las grandes armadoras del vecino estado de Puebla, concretamente a las empresas alemanas Wolkswaguen -en pleno proceso de producción-, y sobre todo a Audi -en fase aún preliminar de construcción de su planta-. El hecho echaría por tierra el proyecto por el que tanto y con tanto acierto trabajó la defenestrada Adriana Moreno, a fin de que Tlaxcala fuera la sede natural de un cluster automotriz, esto es, de una gran concentración de empresas e instituciones interconectadas que complementarían a la industria automotriz de la región, y que generarían miles de trabajos para nuestros obreros.

Panorama preocupante

  Donald Trump, es verdad, va mucho más lejos que Hillary Clinton. El republicano no habla de revisar el TLC, sino de cancelarlo en el plazo más corto pactado, que es de sólo seis meses. Es cierto también que, si gana la elección y se convierte en presidente, deberá convencer a la Cámara de Representantes para que apoye su propósito derogatorio. No le será fácil, pero si lo consigue, México tendrá que hacer un replanteamiento a fondo de cada uno de los rubros que comercialmente nos vinculan a la gran potencia. El impacto será sin duda terrible, ya que como sabemos más del 90% de nuestras exportaciones tienen como destino final el mercado norteamericano. Para cobrar conciencia mas precisa de lo que significaría la abrogación total del TLC por la que pugna Trump, basta recordar la larga década de profundo desconcierto que privó entre los productores mexicanos hasta que poco a poco fueron adaptándose a las exigencias previstas en el acuerdo comercial firmado en 1994 por Carlos Salinas y George Bush padre. Atrás quedaban los tiempos del cómodo proteccionismo con que el sistema político los había privilegiado por más de medio siglo, y no tuvieron más opción que reorganizar sus formas de producción en sus fincas, plantas y factorías con el objeto, no de satisfacer las raquíticas demandas de nuestro consumo interno, sino de poder competir en el más sofisticado y exigente mercado norteamericano. Resumiendo: si Estados Unidos cerrara sus fronteras y/o aplicara estrictas restricciones a las importaciones de México con el objeto de restablecer las antiguas condiciones de bonanza de su industria, nos obligaría a buscar nuevos horizontes para nuestro comercio que está ahora -después de años y de muchos esfuerzos- orientado hacia la exportación. No hace falta mucha imaginación para adivinar lo que ello supone.

Con muro… y sin muro

  Pero el daño no se restringe al intercambio comercial. La construcción preconizada por el candidato republicano del tan traído y llevado muro fronterizo tendría consecuencias también desastrosas. No sólo obstaculizaría el tránsito de personas sino que vendría muy seguramente acompañado de deportaciones masivas y hasta eventualmente de cargas impositivas a las remesas de dinero que envían a sus familiares los trabajadores mexicanos, incluyendo por supuesto las de los tlaxcaltecas radicados en Estados Unidos. Y como las tesis trumpianas han encontrado un extraordinario eco entre los votantes norteamericanos, Hillary Clinton ha tenido que mover su agenda liberal hacia posiciones proteccionistas. Ella, Hillary, no construirá ningún muro en la línea divisoria, pero sí se verá obligada a redoblar su vigilancia y, al propio tiempo, a endurecer las exigencias para la regularización de los millones de indocumentados que aspiran a legalizar su situación migratoria. En fin, el dilema está servido y dependerá de la sociedad estadounidense elegir entre Donald Trump, un petulante magnate inmobiliario, portador de mensajes de odio, racista, aislacionista, globalifóbico, fascistoide y enemigo declarado de las minorías, de los migrantes y del libre comercio, y Hillary Clinton, una política profesional experimentada, demócrata, conciliadora, globalifílica, partidaria de mejorar las condiciones de las personas con inclinaciones diferentes, favorecedora de un orden que regule el trabajo migratorio e inclinada a realizar una revisión de los tratados comerciales vigentes.

ANTENA NACIONAL

Beltrones y su proyecto

 Manlio Fabio Beltrones sentó a su mesa a los diputados priístas que pastoreó la pasada legislatura federal. Ahí, en la Hacienda de Los Morales, pasaron lista de presente los miembros de la bancada tricolor del trienio 2012-2015, bajo cuya responsabilidad estuvo transformar en leyes el proyecto de reformas estructurales acordado en el Pacto por México por el presidente Peña Nieto con los principales partidos de oposición. La reunión en torno a Beltrones no produjo el anuncio espectacular que algunos esperaban; por el momento, sólo se oyeron palabras como lealtad, unidad, etc. que, en la actual circunstancia, pueden interpretarse políticamente de muy diversas maneras. No obstante el aplazamiento, me ratifico en la idea de que Beltrones va a ser candidato a la Presidencia de la República, con los colores priístas o sin ellos. El primer paso lo dio con su discurso de renuncia al liderazgo meramente formal del tricolor; el segundo fue el pasado viernes, en esa comida en la que, a puerta de cerrada y sin prensa, el sonorense se confirmó como el líder real del priísmo, y posible futuro dirigente de una corriente política que alterará los equilibrios tradicionales al interior del partido en el poder.

Para la Primera Plana:

Si el futuro presidente de Estados Unidos cerrara fronteras y/o aplicara estrictas restricciones a las importaciones de México con el fin de restablecer la antigua bonanza de su decadente industria, nos obligaría a buscar nuevos horizontes para nuestro comercio que ahora está -después de años y muchos esfuerzos- orientado hacia la exportación. No hace falta mucha imaginación para adivinar lo que ello supone.

 


Más allá de quién resulte ganador del proceso interno del PAN para encabezar la dirigencia del partido en Tlaxcala, la división será la constante y la peor enemiga del futuro representante de ese instituto político, ya que las descalificaciones y la guerra sucia que ha prevalecido durante el proceso de campaña impedirán que haya reconciliación y unidad entre los grupos que al parecer su intención es destruirse para nunca convertirse en una oposición fuerte y organizada.

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