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Opinión



El PRI estatal, un sexenio y ocho dirigentes fracasados.

Martes, Mayo 24, 2016 - 07:38
 
 
   

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¡¡Urge!!. Alguien debe decirles a los liderazgos nacionales del PRI que están visitando Tlaxcala, que su discurso no aplica y no sirve para ayudar a Marco Antonio Mena.

Alguien que debe darles a conocer a Ivonne Ortega, Carolina Monroy, Cristina Díaz, César Camacho y a otros líderes del PRI nacional que han visitado Tlaxcala, que no cifren las esperanzas del triunfo de su candidato en la estructura de su Partido en Tlaxcala.

Y ese alguien debe recordarle a Marco Mena que está solo en esta contienda, que no hay PRI que lo respalde.

Si gana, lo hará con el apoyo de las estructuras de la sociedad y simpatizantes que ha integrado en estos meses de campaña, con la ayuda de sus antiguas amistades y uno que otro colado que conoció en la ciudad de México cuando fue funcionario de la Sedesol y del IFE.

Marco Mena debe saber que en sus mítines y actos de campaña, quienes lo arropan, son los mismos burócratas que van bajo la presión de sus jefes o líderes sindicales.

Y alguien debe recordarle a Mena que él, junto con los otros siete personajes que ocuparon la oficina de Lira y Ortega en este sexenio, estuvo al frente del PRI estatal pero sin fortalecer la estructura de su partido.

Él, junto con Arevalo, Rosa Isela, Noé, Ricardo, Óscar Amador, Gabriela y Ramírez Conde sólo estuvieron de paso por el otrora partido aplanadora y las consecuencias de no fortalecer la militancia puede ser la diferencia entre ganar y perder esta elección.

La verdad es que no somos cronistas del Partido y mucho menos historiógrafos del PRI en Tlaxcala, pero nuestra corta memoria  nos hace recordar que nunca antes el Revolucionario Institucional ha tenido tantos dirigentes en un solo sexenio, eso sin contar a los interinos, esos constantes cambios ni siquiera se dieron cuando fueron oposición en los sexenios de Sánchez Anaya y de Héctor Ortiz.

Las consecuencias de estos continuos cambios de Presidentes, lo han resentido sus sectores que antes daban cohesión y que ahora se ven debilitados y con poca presencia partidista.

Ahí va el recuento.

El PRI en el sexenio de Mariano González inicia con Ernesto García Sarmiento, el conocido Gavilán, hombre de todas las confianzas de Beatriz Paredes, tuvo que ceder la presidencia a Arnulfo Arévalo Lara, quien llegó a la dirigencia acompañado de Anabel Ávalos como secretaria del mismo.

Se pensó que los dos personajes, ligados políticamente al mandatario priísta que había recuperado el gobierno después de dos sexenios, iban a darle fuerza al Partido e iban a renovar toda la estructura que se perdió tras 12 años de ser oposición.

Cruel realidad, a los dos dirigentes los agarraron las elecciones federales intermedias con los dedos en la puerta y sólo entregaron malos resultados a su jefe Mariano.

Perdieron dos distritos electorales federales ante el PRD, así como la elección al Senado, cargando la derrota la propia Anabel Ávalos que se tuvo que refugiar en la Delegación federal de la SEDESOL, ambos políticos, además de la derrota, obtuvieron un bajo número de votos en la elección presidencial.

Fueron sustituidos por José Luis González Sarmiento y Rosa Isela Sánchez Rivera, una pareja de bajo peso político que como los relevistas en el beisbol, tuvieron que cargar con la derrota de sus antecesores. Su paso fue efímero y sin mucho que decir.

Llegó a la Presidencia un resentido Noé Rodríguez Roldán, quien después de haber pasado por la Secretaría de Gobierno y haber perdido una elección en los tribunales, dijo que no estaría sometido a los designios del gobernador en turno, a pesar de haber sido su empleado en Palacio de Gobierno. Los resentimientos vinieron años después, nunca pudo concretar su proyecto de candidato.

El siguiente Presidente del PRI fue Ricardo García Portilla, joven tecnócrata a quien los analistas le pronosticaron una meteórica carrera que contemplaba una diputación federal y luego la candidatura al gobierno del estado. Les falló por tantito, sí se concretó la llegada al Congreso de la Unión, pero en lugar de la candidatura, se tuvo que conformar con la coordinación de la campaña de quien aspira a ser gobernador.

Ricardo se fue a San Lázaro y dejó en su lugar a Óscar Amador Xochiteotzin, el conocido "Lobo" que antes de incorporarse al Comité Estatal del PRI, se desempeñó como coordinador de giras del gobernador del Estado, cargo del que por cierto, fue removido tras filtrarse que al parecer solicitaba dinero a los alcaldes donde se iban a llevar a cabo eventos del Jefe del Ejecutivo estatal.

Poco tiempo estuvo el conocido "Lobo" en las oficinas de Lira y Ortega, su lugar fue ocupado meses más tarde por Marco Antonio Mena, el joven hijo de profesores, y de abuela carbonera, desde su posición, se preocupó por encantar a su patrón, con sumisión y obediencia logró la bendición que se supone, hoy lo tiene en la antesala de palacio de gobierno.

Se fue Mena y llegó Gabriela del Razo, la originaria de Santa Cruz Tlaxcala tuvo que usar toda la experiencia que da una presidencia municipal y una delegación del gobierno federal, para armar la contienda interna de su partido y ungir al sustituto de Mariano sin muchas tensiones.

Gabriela tuvo que aguantar a los que se emberrincharon por no haberse visto favorecidos con la bendición del jefe, a unos los dejó ir y a otros, suponemos, los tuvo que convencer de que se quedaran.

La recompensa fue una candidatura a diputada por su natal municipio. Y desde marzo de este año, lleva las riendas del partido el apizaquense José Luis Ramírez Conde, quien antes ya había sido presidente interino y ahora navega con la sombra de supuestamente haber cobrado candidaturas a regidurías y a alcaldías, lo que al parecer le costó la salida de Tlaxcala al delegado Javier Michel Díaz.

Ya son muchos caracteres y aún falta mucha historia del PRI de Mariano en este sexenio, pero ayúdenme a recordar rápidamente a los líderes de los otrora sectores fuertes del PRI.

Cuántos votos verdes va a ofrecer la CNC de Heriberto López Briones si hasta ahora no ha logrado cerrar filas del propio organismo, muchos de sus adherentes han anunciado que se forman con las candidatos de otros partidos, dejando sólo a quien se hace llamar hermano de la ex gorbernadora Beatriz Paredes.

La CNOP, desde que se fue Anabel Álvarado a la campaña que la llevó a la Cámara de Diputados, ha estado acéfala.

Las riendas del sector popular las lleva la delegada Olivia Guillén Padilla, rodeada de políticos conocedores del estado ha hecho una decorosa representación del sector popular logrando sólo una modesta sumatoria a la campaña de Mena.

En tanto que la CTM, fiel a su costumbre, es dirigida por un vetusto Pascual Grande, el cual sigue con sus añejas prácticas ofreciendo votos corporativos, como si no hubiera cambios en la vida sindical del siglo XXI.

Este es el PRI que hoy respalda las aspiraciones de Marco Mena, sin descalificaciones se podría decir que el partido tricolor y los priístas de cepa se han ido.

Sólo quedan las nuevas generaciones que desesperadas buscan el poder, pero sin ideología, sin militancia, sólo heredando las ruinas que ven, al parecer no les queda de otra, sólo aspirar a concretar la continuidad que les ofrece Mariano González.


Más allá de quién resulte ganador del proceso interno del PAN para encabezar la dirigencia del partido en Tlaxcala, la división será la constante y la peor enemiga del futuro representante de ese instituto político, ya que las descalificaciones y la guerra sucia que ha prevalecido durante el proceso de campaña impedirán que haya reconciliación y unidad entre los grupos que al parecer su intención es destruirse para nunca convertirse en una oposición fuerte y organizada.

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