*

Viernes, 10 de Julio de 2020     |     Tlaxcala.
Suscríbete


Opinión



Adriana Dávila, una mujer paranoica

Lunes, Mayo 16, 2016 - 09:18
 
 
   

Adriana, fuera de la realidad, es maestra de la negación

-Análisis de un perfil psicológico de cuidado

Adriana Dávila es grandilocuente. Habla con gran soltura y defiende cada uno de sus posicionamientos con vehemencia y apasionamiento, no importa si estos sean verdad o estén cargados de mentira, pero los dice con tanta fuerza en sus palabras y en sus gestos que parecen todos ciertos.

Es esta actitud de la joven política apizaquense, la que la he hecho crecer en los últimos años. En un mundo de simulaciones y de traiciones, como es el de la política, Dávila Fernández ha sabido venderse, esgrimiendo sus miedos y destacando algunas de las virtudes que tiene. Sin importar su poca experiencia política y su falta de habilidad para negociar, la de Apizaco compra favores y vende uno que otro con la clara intención de sacar provecho de sus relaciones.

Lamentablemente, Adriana siempre acaba siendo traicionada o abandonada, su carrera en los últimos doce años está como para escribir una novela de realismo mágico, empezando por sus humildes orígenes hasta llegar a pertenecer al círculo cercano de un Presidente de la República, haciendo amistades y rompiendo relaciones que se vuelven irreconciliables.

Quizás ahí está la explicación del porqué de sus derrotas, como muestra más clara la elección pasada en busca de la gubernatura del estado, en donde dejó pasar una envidiable posición que le brindaba el contar con el apoyo del Presidente de la República y la del Gobernador del estado, pero todo se fue al traste por sus arranques de grandeza y por su negación de la realidad.

Eso debe quedar claro, Adriana Dávila Fernández es una maestra de la negación y vive fuera de esta realidad.

Niega todo lo que se le dice o se le cuestiona, desmiente las notas periodísticas, las críticas a su trabajo, los errores cometidos en su actividad legislativa, el accidente en Zapata que dejó un par de muertos y niega hasta sus constantes derrotas electorales.

Todo lo niega, pero ella no es culpable de esto, habría que comprenderla, de acuerdo a las teorías freudianas, su niñez en medio de ciertas carencias marcó su vida y los recuerdos de su niñez son herramientas recurrentes en la búsqueda de simpatías.

No en balde a cada rato recuerda al electorado la pobreza de su madre y las carencias en las que vivió los primeros años de su vida.

Si a esto se le agrega algo de la herencia genética, la mente de nuestra candidata en verdad es complicada.

El alejamiento de la realidad está dentro de su psique, no es culpa de ella, su burbuja de aduladores y amigos le incrementan sus traumas y defectos, la hacen creer líder, sólo ella puede rescatar a Tlaxcala le dicen y la hacen creer que es capaz de vencer a todos por las ganas y empeño que nunca le falta para hacer las cosas, aunque estas estén mal encaminadas y acaben mal.

Adriana Dávila, en sus formas de comunicar, denota fuerza, sencillez y fortaleza para tratar temas delicados. Así es como empieza la descripción de su perfil psicológico, hecho por un especialista en estudios de comunicación visual y verbal.

Sin embargo, su estructura psicocorporal y su expresión facial son de tipo evasivo-rigido, con rasgos paranoides, lo que puede revelar un carácter idealista y tenaz, aunque no siempre aterrizado a la realidad y al contexto político en que se maneja.

En su discurso verbal se escucha impulsividad, impaciencia e intolerancia.

Tiene un carácter fuerte, con tendencias a la intolerancia, lo que le hace que tenga constantes problemas con la negociación y la conciliación.

Su discurso verbal hace que se exponga demasiado y que abandere algunas cosas sin sentido. Muestra una tendencia conservadora e idealista, con regulares capacidades para comunicar en forma conciliatoria.

Sin embargo, la candidata evita trabajos o actividades que impliquen contacto interpersonal importante, esto debido al miedo que tiene a las críticas, a la desaprobación y al rechazo. Es por eso que su equipo es casi siempre el mismo desde hace un par de años, y procura no abrirlo hacia personas que no conoce.

Adriana Dávila es reacia y no le gusta implicarse con la gente, pues vive en una constante inseguridad, preguntándose si le va a caer bien a la gente.

Vive en una interminable preocupación por la posibilidad de que sea criticada o rechazada en situaciones sociales.

Demuestra represión en las relaciones íntimas, le cuesta trabajo hacer nuevos amigos, vive relaciones superficiales, ya que tiene miedo a ser avergonzada o ridiculizada.

Adriana Dávila es una persona ambiciosa, competitiva y agresiva, considera la pasividad como vulnerabilidad por eso es que se vende como una mujer trabajadora e incansable, aunque en realidad tiene un carácter obstinado.

La candidata es rencorosa, pero intenta verse controla para no parecer alocada, ayer en el debate dio muestra de ello.

Y tiene una verdadera fobia a la sumisión, para ella ser subordinada o escuchar a alguien por encima de ella representa una pérdida de libertad.


Más allá de quién resulte ganador del proceso interno del PAN para encabezar la dirigencia del partido en Tlaxcala, la división será la constante y la peor enemiga del futuro representante de ese instituto político, ya que las descalificaciones y la guerra sucia que ha prevalecido durante el proceso de campaña impedirán que haya reconciliación y unidad entre los grupos que al parecer su intención es destruirse para nunca convertirse en una oposición fuerte y organizada.

Encuesta